viernes, 29 de agosto de 2025

 Orígenes y naufragio del capitalismo: del comercio atlántico al tecno-feudalismo y la búsqueda del mito perdido




El capitalismo moderno comienza con el comercio atlántico y el mercantilismo. Navegaciones portuguesas y españolas que hacían el extractivismo de las respectivas colonias crearon monopolios estatales y produjeron la acumulación de capitales en Antwerp (puerto de Amberes. Bélgica), Génova y Londres. Luego le sucede el capitalismo comercial y manufacturero (1600-1760), entre 1600-1760 se consolidan bancos, bolsas y manufacturas concentradas en Inglaterra y Países Bajos.

Con la revolución industrial inglesa (1760-1830), se consolida el capitalismo industrial moderno: maquinaria, fuerza de trabajo asalariada y expansión mundial. Paralelamente, se produjo la conveniente consolidación jurídica: el Código de Comercio francés (1807) y la propiedad privada reglamentada convirtieron el modelo en dominante a escala global.

Previa a la aparición del código de comercio y de las leyes de la propiedad privada, se esbozó la forma de gobiernos parlamentarios que limitan los sistemas monárquicos.

En el año 1789, con la revolución francesa, nació el actual modelo democrático representativo, especialmente con la Constitución de 1791, que introduce por primera vez un sistema de gobierno basado en representantes electos por la ciudadanía, aunque con restricciones sociales, (votaban solo los hombres con determinados ingresos y propietarios).  Desde entonces, el poder que antes estaba representado por monarquías ahora se posa sobre este sistema de representación para seguir dominando la voluntad de las personas. Así las familias monárquicas se consolidan con la llegada de los sistemas parlamentarios. Sucedió en Inglaterra con los apellidos Borbón de Francia y España; Saboya, de Italia; Rothschild de Alemania y otros, que hasta el día de hoy siguen siendo las familias más ricas del mundo y muchas de ellas se juntan anualmente en la ciudad de Davos, para ver qué solución le dan al desastre del cual ellos mismos has sido protagonistas.

Otro acontecimiento a reconsiderar son también los eventos emancipatorios que sucedieron en Europa que luego fueron superados por el poder imperial. Sucedió con los jacobinos en Francia, que eran los más pobres, pero más tarde fueron derrotados por los girondinos, sectores más acomodado, evento que más tarde le dio lugar a Napoleón Bonaparte. Anteriormente, paso algo similar con el parlamento en Inglaterra: luego de la muerte de Cromwell en 1660 vuelven los reyes con su cuota de poder monárquico. Muchos años más tarde también en Italia hubo sublevaciones contra el poder económico concentrado, pero todos fueros frustrados para volver a imponer la centralidad del poder ecónomo como regente de toda la sociedad. Todo esto ocurrió durante la consolidación de modernidad hasta llegar al sistema económico industrial del siglo XIX.

Es muy difícil especificar o determinar históricamente cuando comenzó el sistema capitalista; o, mejor dicho, cuando el sistema social previo al capitalismo se desnaturalizó con la aparición de la moneda como valor de uso.

Lo que si podemos señalar es lo previo al sistema capitalista, pues todavía hay pueblos organizados en los que el sistema está sujeto a la organización social que determina el uso y funcionamiento de los valores que rigen a esa sociedad.

Recién en la segunda mitad del siglo pasado y principios de este se comienza a considerar este modelo de vida que permanece latente en las personas. Esta teoría sostiene que el sistema organizativo de la humanidad, durante siglos, fue la comunidad: un modo de vivir que permanece en nuestra memoria colectiva. Al respecto, hay muchos ejemplos del sentido solidario de los humanos ante problemas acuciantes. Estas conductas solidarias aparecen ante catástrofes como inundaciones, terremotos etc.

También podemos decir que una organización comunitaria -que casi siempre se retrotrae a las comunidades indígenas- no es necesariamente algo que sucede en el campo, en lugares aislados o en zonas alejadas de las grandes ciudades. La comunidad es un modo característico y primario de organización humana que se perdió por un “accidente evolutivo” ocurrido recientemente comparado con la historia milenaria de la humanidad.

En este siglo han trascendido ejemplos de gobiernos que han implementado el sistema comunitario como base de la organización social para enfrentar al capitalismo. Por tal razón estos ejemplos son tan desacreditados en la difusión de los medios de información obedientes al poder central. Sucede que, en este sistema, el comunitario, no tiene cabida el supra poder económico que ha perdurado durante siglos a través de distintos modos de administración, primero fueron las monarquías y luego los sistemas democráticos europeos.

En Latinoamérica los casos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba -cada uno conserva las características de su historia social-  tienen como base la organización mínima que es la comuna: Esto es lo que nosotros llamamos “el barrio”, las comisiones vecinales y demás grupos primarios de cómo se organiza una vecindad. Las comisiones vecinales existen en muchos países, pero la mismas no tienen la efectividad ni el poder que en verdad deberían tener. Organismos que deberían cumplir una función fundamental no lo hacen. Esto sucede porque la superestructura del sistema superior dominante es la que decide. Aquí llegamos al centro de la cuestión: el poder central al que hacemos referencia es, en verdad, el que ha desnaturalizado el modo de vida de los humanos.  Lo podemos graficar como un poder superior que propone un modelo de vida que no condice con la forma natural del ser humano; dicho en otras palabras, el modelo de vida, no se condice con las condiciones naturales que brindan una comunidad en contacto con la naturaleza y otras organizaciones paralelas que, comúnmente, tienen los mismos propósitos

La cuestión fundamental radica en cuál es el ideal de sociedad o modo de vida que se tiene como propósito. Esto en verdad se construye. Acercándonos a una proposición filosófica, la cuestión radica en tener un horizonte referencial. En este punto debemos considerar que es lo que se entiende por “mito”, esta palabra ha sido considerada peyorativamente, en el sentido que pertenece a civilizaciones antiguas de culturas atrasadas. En verdad lo que ahora se está reconsiderando es que el mito tiene una función fundamental en la organización de un pueblo.

 El mito es lo que da sentido a una vida.

Se considera que los naufragios de las civilizaciones más avanzadas de este siglo se encuentran deprimidas y desorientadas porque no tienen un sentido para vivir. Vemos como la problemática de las sociedades más desarrolladas, atravesadas por lo que hoy llaman el tecno-feudalismo; el sometimiento de las personas a la inteligencia artificial, en el sentido de que esta hace todos por ellas. La ciencia y la técnica al servicio del dinero son el principal responsable de la creación de objetivos individuales inalcanzables que no le dan sentido a una vida. Por esto se señala que los objetivo son un fetiche, en el sentido que atraen por si mismos por el solo hecho de representar poder y dinero. Esto produce aislamiento y malestar, los grandes males del siglo XXI. El eslogan de “cada uno es el artífice de su propio destino”, que implica un culto a la meritocracia basada en el individuo -en donde al prójimo se lo considera un medio para alcanzar los fines-, ha transformado a las sociedades modernas en un canibalismo que se autodestruye.

Todo esto es acompañado por el accionar de los medios de difusión masivos que, además de distorsionar la información, tienen una acción deliberada para crear antagonismo en la sociedad. Una maniobra habitual para lograr esto es crear divisiones en un grupo social en base a diferencias entre personas conocidas, sea de la política o del mundo del espectáculo. También se difunde que la pobreza y el atraso son consecuencia de la mala administración y la corrupción.

En el supra poder esta entrelazado el narcotráfico, la trata de personas, venta de órganos, la venta de armas de manera ilegal etc. Nada de esto podría existir sin un sistema financiero que le sirva de sustento. Las organizaciones dilectivas tienen injerencia directa en los organismos financieros. Estos son parte del andamiaje necesario para las transacciones económicas de estas acciones, sin el cual sería imposible justificar los millonarios movimientos de capitales. Como todo factor de poder no puede ser ajeno a los servicios de inteligencia los cuales son parte y trabajan en función de estos. La cara visible son los bancos, en los cuales cualquiera de nosotros utiliza sus servicios cotidianamente, desconociendo el tema; pues, en última instancia, la mayor arma del enemigo es el anonimato.

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