
Frente a
los recientes acontecimientos en Venezuela, queda al descubierto la importancia
de la comunicación para influir en la voluntad y las creencias de la gente.
Vemos cómo todos los adelantos técnicos se utilizan para multiplicar las
maneras de propagar información que distraiga al interlocutor, con el fin de
lograr objetivos económicos. Un ejemplo de ello es la campaña lanzada desde los
centros de poder, proponiendo diversas conjeturas para sembrar la debilidad del
gobierno venezolano, que resistió la embestida. Se dijo que el éxito de la
operación de Donald Trump se debió a la colaboración de un sector de las
fuerzas armadas, e incluso a cierta colaboración de algunos miembros del
gobierno. A todo esto, se sumó la propagación de mensajes del presidente
de Estados Unidos, que anunciaba la “transición” del gobierno de Venezuela
hacia la administración de alguien de la oposición. Incluso se lanzó la noticia
de que el traspaso de gobierno sería a través de Delcy Rodríguez, quien se
encontraba a cargo del gobierno de forma interina, nombrada acorde a la
constitución en caso de acefalia. También podemos ver cómo en redes sociales se
hacen doblajes de analistas destacados, alterando su voz y poniendo otras
palabras en su boca. Esto se viene haciendo desde hace años, pero ahora se
intensificó y profundizó por los adelantos en la comunicacion.
Esta
manipulación informativa viene de lejos. Es conocida la frase del exagente de
los servicios de inteligencia norteamericanos al decirle a un periodista:
“Ustedes (los periodistas) son los que analizan y estudian esa realidad para
luego transmitírsela al público en general. Nosotros creamos esa realidad que
ustedes describen para las personas”. Esta entrevista fue realizada en el año
2001, previa a las guerras de Irak (2003), Libia (2011) y Siria (cuyo conflicto
interno, iniciado en 2011, fue propiciado por EE. UU.). Antes de cada
intervención hubo una gran campaña mediática contra esos “estados terroristas”
para justificar las acciones armadas. Ahora, la nueva amenaza que se denuncia
es contra los “narcotraficantes terroristas”, señalados como responsables de la
pérdida de seguridad en un “mundo que se basa en reglas”.
Refiriéndonos
al origen de esta crisis en Occidente (que desencadena todas las intervenciones
militares), desde 1973 EE. UU. inicia la financierización de su economía,
momento en el cual el dólar deja de tener respaldo directo en el petróleo tras
perder el monopolio de su comercialización a través de pagos en su moneda. Consecuentemente,
frente a la crisis de rentabilidad, las empresas industriales buscaron mayores
rendimientos en actividades financieras. Al relajarse la movilidad
internacional de los flujos de dinero, se produjo la llamada “globalización
económica”. Esto precipitó una succión del dinero circulante, caída del
consumo, aumento del desempleo y la concentración del dinero en manos de
inversionistas que buscan rentabilidades financieras rápidas.
El *Deep
State* es el instrumento de guerra frente a aquellos que no se inclinan ante el
avance financiero de Occidente. Su lugar geográfico central es EE. UU. En una
síntesis apretada, podemos señalar las principales razones de la
financierización: liberalización y desregulación financiera. Desde los años
70-80 se eliminaron restricciones a los flujos de capital, se permitió la
innovación financiera sin suficiente supervisión y se redujeron los controles
sobre el sector bancario. Esto es el libre mercado “a ultranza”, sin control.
Esta es la bandera del actual gobierno en Argentina.
Este poder
financiero es el responsable de la irracionalidad que empuja a Europa
Occidental a la sumisión frente a EE. UU., país que también está a merced del
*Deep State*. Un sistema que está sumiendo al pueblo estadounidense en la
pobreza, con las consecuencias de una serie de protestas en todo el país. Este
“suprapoder” financiero, como ya se señaló, se fue construyendo a través de
inversionistas industriales que trasladan su dinero a entidades financieras
para obtener más ganancias, alimentando así un sistema que atrae capital cada
vez más, aunque sea autodestructivo por socavar la economía real. Cuando se
habla de que el mercado es el que incentiva y regula la producción, es falso
por la sencilla razón de que se basa únicamente en la acumulación de riqueza
fundada en el deseo individual.
Esta
anomalía, que se estaba extendiendo por todo el mundo, ha despertado una
reacción. A grandes rasgos, podemos decir que nace del hemisferio sur (el mayor
perjudicado por estas políticas). Esto viene de lejos: el desarrollo del
capitalismo europeo fue posible gracias a la explotación del hemisferio sur.
Los integrantes de los BRICS (que también surgen como respuesta a la anarquía
financiera) saben esto. China, por ejemplo, se está deshaciendo de bonos del tesoro
de EE. UU. ante la pérdida de valor del dólar.
Este
proceso, que se inicia con la creación de los BRICS en 2009, refleja una
reestructuración en los modos de producción y administración, donde la
geografía de la producción y las finanzas se reorganiza según lógicas
diferentes pero interconectadas. Este sistema de producción y comercialización
se basa en el respeto, la conveniencia económica y la soberanía de cada país.
La soberanía implica respetar la manera natural y local de producir.
Generalmente, la forma de producción y el tipo de materia prima están ligados
al lugar geográfico (por ejemplo, el cobalto en África).
Restablecer
el equilibrio entre los pueblos es la única manera de superar la anomalía que
se expandió con la modernidad, la cual instaló una manera de producir
irracional, solo con fines económicos, sin tener en cuenta las necesidades
reales. Como se señaló anteriormente, este sistema alteró tanto a las personas
que, atrapadas en él, su deseo consistía en la acumulación de riquezas, lo que
incentivaba a tener cada vez más. Esto produjo un gran desequilibrio mundial
con la explotación del hemisferio sur en beneficio del hemisferio norte, más
precisamente de Europa y luego de EE. UU.
Por tal
razón, varios países del hemisferio sur están llevando adelante un nuevo
sistema administrativo en donde las comunas cumplen un rol fundamental. Esto
preserva una manera de producir que no tiene que ver con el capitalismo. El
criterio es que se debe producir lo que se necesita para vivir bien. Dicho así
parece una obviedad, pero es más profundo porque deja de lado “la motivación”
de producir solo para ganar dinero. De este modo, las funciones de la
producción no deben desequilibrar el modo de vida ni romper los lazos sociales
creando distintas capas con funciones y jerarquías diferentes; estas serían las
“clases sociales” en la jerga eurocéntrica.
Una función
social sin tener en cuenta el consumo y su relación con el salario es difícil
de pensar. Esto se debe al horizonte construido por la modernidad desde sus
inicios. La sociedad occidental se conformó con los propósitos materiales de
generar ganancias y consumir cada vez más. Este es otro tema para desarrollar.
Volviendo
al tema del principio, el sistema comunal —que se ha desarrollado con la ayuda
de los BRICS y cuya experiencia más conocida es la de Venezuela desde 2015— ha
logrado sobrellevar la crisis provocada por el bloqueo, con una producción
basada en una organización comunal que tiene en cuenta las necesidades
primarias de sus habitantes. Claro que el bloqueo produjo una gran crisis en su
población, que estaba inmersa en el sistema de consumo occidental capitalista,
la antítesis del sistema comunal que se está implementando ahora. Esto explica
el éxodo de muchos venezolanos por el cambio abrupto en el modo de vida y
consumo, además de la propaganda en su contra por intereses económicos. Esta es
una de las razones por las cuales Venezuela aparece en los titulares
prooccidentales como un régimen dictatorial.
Por último,
podemos decir que lo más importante es lo que cada uno de nosotros piense y sostenga con idependencia de la influencia mediatica sobre la situación que estamos atravesando. Esto es fundamental para que un sistema autonomo termine de emerger como alternativa.
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