Traducción
del video de “Pepe Escobar” publicado ayer 04-01-25, respecto al acontecimiento
en Venezuela. Vale decir que las publicaciones de este analista han sido distorcionadas
a través de la IA en la guerra informática. Adjunto link original de video
https://www.youtube.com/watch?v=d9eLHJDSq4A
“Cuando los primeros
F35 (aviones de combate) decolaron de la base naval de Puerto Rico en la
madrugada del 3 de enero de 2026, no solo estaban transportando explosivos para
destruir las instalaciones militares venezolanas. Estaban cargando un peso de
una estrategia energética, que “mutara/mudara” cambiara en las próximas décadas
de la hegemonía americana en el hemisferio occidental. Porque por detrás de toda
la retórica sobre “narcoterrorismo” y organizaciones criminales lo que
realmente estaba en juego eran los 303 billones de barriles de petróleo, las
mayores reservas comprobadas del planeta enterradas en el subsuelo venezolano.
La operación que capturó a Nicolás Maduro 47 horas atrás no fue un golpe
tradicional, fue la primera demostración práctica de la doctrina Moore 2.0 en
la era de la escasez energética global, donde cada barril de petróleo se tornó
un arma geopolítica y cada refinería una pieza en el tablero de una pieza en el
tablero de geopolítica imperial. Trump no invadió Venezuela para combatir
droga, invadió por que descubrió que en el siglo XXI el que controla el
petróleo venezolano controla el hemisferio energético del hemisferio americano.
Y aquí llegamos al corazón de la cuestión que ningún analista “maestrean”
(medios masivos) osara tocar, hablar. La operación .. no comenzó n noviembre
del 2025 como anuncio el pentágono, comenzó en agosto de 2023 cuando servicios
de inteligencia americano detectaron que China estaba secretamente financiando
la modernización de la infraestructura petrolera venezolana a través de la ruta
de la seda, era inaceptable para Washington descubrir que Pequín podría tener
el acceso preferencial a un tercio de las reservas globales del petróleo localizadas
apenas a 1.500 km de la florida. Durante 16 meses, en cuanto Trump organizaba
su vuelta al poder una coalición de cooperaciones energéticas americanas, Exón
móvil, Chevron, Shell, Marathon Petroleum elaboraron los planos detallados para
lo que llamaron internamente de “operación retomada”, no era apenas sobre
derribar a Maduro, era sobre establecer un control corporativo directo sobre la
industria petrolera venezolana que durara por lo menos 3 décadas. Venezuela
posee 303 billones de barriles de petróleo comprobados más que Arabia Saudita,
Irak y Kuwait juntos, debido al aislamiento internacional, sanciones americanas
y años de no inversión, la producción venezolana había caído de 3,2 millones de
barriles diarios en 1998 a menos de 800.000 barriles diarios en 2025. Era un
gigante energético disminuido artificialmente por la guerra económica
americana. Para las corporaciones de Texas representaba la mayor oportunidad de
expansión desde el descubrimiento del sistema fracking, en su territorio, a
principios de siglo XXi, no por la cantidad, sino por la calidad, el petróleo
de la faja del Orinoco, a pesar de ser pesado (espeso) puede ser refinado
en productos de alto valor agregado
usando tecnología americana. Era como descubrir un nuevo Alaska excepto que
este “Alaska” estaba localizado en una zona tropical sin complicaciones
climáticas y con una población ya practica en la industria petrolera. Documentos
internos de Exxon Móvil revelaron que había identificado a Venezuela como
prioridad estratégica absoluta desde 2022 cuando perdió el acceso a los campos
petrolíferos debido a las sanciones (por la guerra de ucrania). Rex Tillerson ex-CEO
de ExxonMobil y ex secretario de D. Trump había “mapeado” personalmente
los campos venezolanos más promisorios y calculado que un cambio de régimen
favorable a los negocios podría resultar en un lucro de 300 billones de dólares
en los próximos 20 años. Chevron que mantenía operaciones limitadas con
Venezuela, a pesar de las sanciones de Biden, había expandido de manera secreta
su presencia en el país a través de subsidiarias registradas en paraísos
fiscales. Cuando Trump autorizo la operación militar Chevron ya tenía mapas
detallados de todos los campos petrolíferos venezolanos y contratos preliminares
con proveedores locales para retomar la producción integral en cuestión de
semanas, era la fusión completa entre interese corporativos y estrategia
militar imperial. El pentágono no estaba sirviendo solo a los intereses
políticos americanos, estaba ejecutando un plan de negocios elaborado por las
mayores corporaciones energéticas del mundo. La operación Southern Spear
representaba la tercerización de la política externa americana para el complejo
petrolero-militar-industrial. La primera señal publica de la verdadera
naturaleza de la operación fue tres semanas antes de los bombardeos sobre
caracas. En diciembre de 2025 la guardia costera americana comenzó a
interceptar sistemáticamente todos los petroleros que transitaban por las aguas
venezolanas. Primero fue un “Skipper”, un carguero panameño transportando
petróleo bruto para Cuba, después un “Centuris” carguero de bandera Liberiana
que llevaba combustible refinado para Nicaragua, el tercero fue el drama de “Bela
1” de Iran que huyo durante una semana de la persecución americana pintando una
bandera rusa en el casco para evitar la captura. Era una guerra naval no
declarada. Una estrategia de estrangulamiento económico que intentaba cortar
completamente las exportaciones energéticas venezolanas. Trump Había
transformado el caribe en un lago americano, donde ninguna gota de petróleo
venezolano podía circular sin autorización de Washington. Era el retorno de las
guerras del Opio, versión petrolera. “Ustedes venden solo lo que nosotros
autorizamos, a los que nosotros autorizamos a comprar, por los precios que
nosotros determinamos”. La genialidad de la estrategia estaba en la narrativa,
durante 5 meses, desde septiembre de 2025 hasta enero de 2026 el pentágono
bombardeo 35 embarcaciones, matando 115 personas diciendo que narcotraficantes.
Era la construcción meticulosa de un casus beli energético disfrazado de guerra
antidroga. Cada ataque preparaba a la opinión publica americana para que
aceptara que Venezuela era un estado narcoterrorista que amenazaba la seguridad
nacional a través del trafico de drogas. La realidad era exactamente lo
opuesto. La Venezuela de maduro estaba produciendo menos droga que Colombia y
Peru, ambos aliados americanos. Pero estaba sentado sobre la mayor reserva de
petróleo no controlado por Washington o sus aliados sauditas. Lo peor, estaba
desarrollando contratos energéticos con Rusia China e Irán, exactamente los
tres países que Trump identificara como amenazas existenciales al dominio energético
americano. Cuando el secretario de defensa Peter Hete anuncio formalmente la
operación Southern Spear en noviembre de 2025, utilizo un lenguaje revelador
“organizaciones narcoterroristas que amenazan la seguridad energética de los
EEUU. No era sobre drogas era sobre energía. El pentágono había descubierto que
china estaba construyendo un oleoducto que conectaría los campos petrolíferos
venezolanos con el puerto de la Guaira desde donde el petróleo seria exportado
directamente para refinerías chinas sin pasar por el sistema financiero controlado
por Washington. Era inaceptable. Desde la era de Henry Kissinger, la estrategia
energética americana se basaba en un principio fundamental. Todas las grandes
transacciones de petróleo global deben pasar por sistemas controlados o
monitoreados por Washington. El sistema de petrodólar, la hegemonía del dólar,
como moneda de cambio energética, la capacidad americana de sancionar países
a través del bloqueo energético. Todo
esto dependía de que ninguna reserva petrolera importante del mundo pudiese operar
independientemente de la arquitectura financiera americana. La sociedad energética
Chino-venezolana representaba la primera fisura seria, desde la nacionalización
del petróleo iraniano en 1979. Si China
consiguiese acceso directo al petróleo venezolano, pagando en yuanes a través
del sistema bancario chino, estaría creando el primer corredor energético
verdaderamente independiente del control americano en el hemisferio occidental.
Era el inicio practico de la desdolarización energética de las américas. Los
detalles de los acuerdos chino venezolanos revelados por fuentes de la
inteligencia americana después de la captura de Maduro eran todavía más
amenazadores para Washington de lo que se sospechaba públicamente. Pequín no
estaba solo comprando petróleo venezolano, estaba financiando la construcción
de una refinería ultra moderna La Guaira capaz de procesar dos millones de barriles
diarios de petróleo pesado de la faja del Orinoco. Era tecnología de punta que
ni las refinerías Texanas tenían. Esto maximizaba el valor de los recursos
energéticos venezolanos. Peor todavía es que china estaba preparando ingenieros
venezolanos en sus universidades para operar independientemente esa
infraestructura. Ne era apenas una transacción comercial, era transferencia tecnológica
que permitiría a Venezuela desenvolver capacidad energética autónoma por
primera vez dese la era de Hugo Chávez. Washington descubrió que no solo estaba
perdiendo esl acceso al petróleo venezolano sino también la dependencia
tecnológica venezolana que le garantizaba el control indirecto sobre la
industria energética del país. Además, el acuerdo con china incluía la
construcción de un sistema de oleoductos submarinos conectando a Venezuela con
Cuba y Nicaragua, permitiendo que esos aliados del eje multipolar recibieran
energía venezolana sin pasar por aguas controladas por la guardia costera
americana. Era la creación de una red independiente en el caribe. Era el tipo
de infraestructura que podría servir como modelo para otros países
latinoamericanos interesados en escapar de la dependencia energética americana.
Por esto Trump no se resistió a ordenar
la operación más arriesgada de la política externa americana desde la invasión
de Irak en el 2003, por que no estaba, apenas, conquistando petróleo
venezolano, estaba impidiendo que china estableciese un precedente energético
que podría ser replicado en toda américa latina. ¿Si Venezuela consigue vender
petróleo a china sin pasar por el sistema controlado por Washington, porque no
Brasil?, porque no México? Por qué no Argentina? La dimensión naval de la
operación revelo su verdadera naturaleza. Trump no solo bombardeo instalaciones
militares venezolanas, estableció una zona de exclusión marítima de 500km alrededor
de Venezuela, donde cualquier petrolero no autorizado seria atacado sin aviso
previo. Era piratería legalizada, la transformación del caribe en una zona
militar americana, donde las leyes fueron suspendidas en nombre de la seguridad
energética. La flora americana destacada para la operación era desproporcional
para cualquier operación antidrogas. Tres destructores con misiles guiados,
tres navíos de asalto anfibio, un submarino nuclear armado con misiles de crucero, seis mil marine, además
de cazas F35 en las bases de Puerto
Rico. Era una fuerza de invasión proyectada para ocupar y controlar
infraestructura energética, no para interceptar barcos de pescadores
transportando cocaína. Lo más revelador era la composición técnica de la flota
la nave donde maduro fue llevado después de la captura había sido especialmente
modificado como un laboratorio para análisis de muestras petrolíferas y
equipamiento de mapeos geológicos submarinos. Los destructores no cargaban solamente
armamento convencional, tenían también sistemas de guerra electrónica,
especialmente calibrados para deshabilitar equipamientos de refinería de
petróleo, sin causar explosiones que
podrían dañar la infraestructura energética. Era una operación militar
proyectada desde el inicio para preservar intactas las instalaciones petroleras
venezolanas para futuras exploraciones corporativa americana. Trump no quería
destruir el petróleo venezolano, quería conquistarlo operacional y rentable,
por esto la precisión quirúrgica de los bombarderos que atacaron apena
instalaciones militares sin tocar refinerías o oleoductos importantes. Y
funciono perfectamente. En 47 horas Trump lo que ni George Bush ni Barak Obama
habían tentado. Control directo sobre la mayor reserva petrolera del hemisferio
americano, cuando anuncio que empresas americanas reconstruirán la
infraestructura petrolera venezolana. Estaba oficializando la mayor
transferencia de activos energéticos de la historia reciente de las américas. Aquí
llegamos a la dimensión más aterradora de la operación, se creó un precedente
legal que puede ser aplicado en cualquier país sudamericano que desarrolle
asociaciones energéticas independientes. La doctrina jurídica utilizada para
justificar los bombardeos sobre Venezuela, autodefensa contra organizaciones
terroristas que amenazan la seguridad energética americana es suficiente vaga
para ser aplicada a Brasil, si Brasil decide vender petróleo a china en yuanes.
O México si decidiera exportar gas natural a >Irán o Argentina si permitiera
que Rusia explora sus reservas. Trump transformo a Venezuela en un laboratorio
para testar la vialvilidad militar de la doctrina Monroe 2.0 en la era de la
multipolaridad energética. La pregunta fundamental es: ¿será que el mundo
multipolar tiene capacidad militar y económica para defender un país
latinoamericano contra la operación de EEUU motivada por recurso energéticos?
La respuesta venezolana determinara si otros países del hemisferio tendrán
derecho a la soberanía energética o si serán obligados a aceptar el status
permanente se proveedores subordinados al imperio. La reacción china fue
inmediata y cuidadosamente calibrada, Pequín no envió barcos de guerra al
caribe, sería una escalada militar que podría resultar en una tercera guerra
mundial. Pero anuncio que cualquier interrupción de los contratos energéticos
con china serán considerados actos hostiles contra la seguridad energética de
la república popular china. Es una línea roja económica, Washington puede
bombardear Venezuela, pero no puede cancelar unilateralmente los contratos
chinos sin consecuencias, Rusia fue más directa. Moscú anuncia que considera la
operación en Venezuela un precedente inaceptable de piratería energética y que
cualquier ataque americano contra infraestructura energética en países aliado a
Rusia resultara en respuesta asimétrica en los puntos vulnerables de la
infraestructura energética americana. Es una respuesta velada más clara. Si
Washington atacara el petróleo ruso en Venezuela Moscú puede atacar gasoductos
americanos en Alaska. Irán, como se esperaba, fue más lejos. Terán anuncio que
la captura de maduro constituye una declaración de guerra energética contra
todos los países que se reúsan a someter sus recursos naturales al control imperial
y que cualquier petrolero iraní atacado por fuerzas de EE.UU. resultara en el
cierre temporario del estrecho de Ormuz, que es el equivalente del MAD
(autodestrucción mutua). Si Washington continúa atacando petroleros iraníes, Irán
puede interrumpir el 20% del trafico mundial del petróleo. Es exactamente la
escalada que Trump esperaba evitar, pero se tornó inevitable a partir del
momento en que decidió transformar la guerra energética en una política oficial
americana. Porque la operación venezolana envió un mensaje claro para todos los
países productores de petróleo. “Ustedes venden para quien nosotros
autorizamos, por los precios que nosotros determinamos, a través del sistema
que nosotros controlamos, o enfrentan un régimen de cambio”. Tal vez el aspecto
mas revelador es la total subordinación energética de Europa a los EEUU. Ni Francia, ni Alemania ni Italia, protestaron
contra la violación fragrante de la soberanía venezolana porque saben que
dependen completamente del petróleo controlado por Washington o sus aliados
sauditas. Europa perdió su independencia energética en el momento que decidió
sancionar el petróleo ruso. Ahora no tiene más alternativa que aceptar los
flujos energéticos globales, El silencio europeo delante de la operación
venezolana fue la confesión final de que el viejo continente se tornó un
protectorado energético americano. Cuando
Washington decide quién puede o no vender petróleo, Bruselas simplemente
ratifica la decisión. Es el fin simbólico de la soberanía energética europea
sustituida por una dependencia total de las decisiones estratégicas de Trump.
Para Brasil las implicaciones son todavía mas dramáticas. Brasil posee la
cuarta mayor reserva de petróleo de América y desenvolvió tecnología de agua
profundas que despiertan intereses chinos y rusos. Si Trump consigue consolidar
su posición sobre petróleo venezolano, el próximo objetivo será impedir que
Brasil desarrolle proyectos independientes con países no alineados. El
precedente venezolano creo un dilema estratégico para todos los países de los
BRICS con recursos energéticos significativos. Brasil posee el Pre-Sal (reserva
petrolera más importante de ese país), Rusia domina el gas natural europeo, Irán
controla el estrecho de Ormuz los Emiratos Árabes Unidos buscan el equilibrio
entre Washington y Pekín. La operación en Venezuela envió un mensaje claro.
Cualquier miembro de los BRICS que desenvuelva emprendimientos conjuntos energéticos
que amenacen la hegemonía del petrodólar enfrentará consecuencias militares.
Frente a esto la reacción de los BRICS
fue coordinada de forma inédita, por primera vez en la historia todas las principales
potencias energéticas, no alineadas con EE.UU., respondieron simultáneamente a
la operación militar americana. Rusia ofreció asistencia técnica inmediata, Irán
prometió compensar cualquier interrupción en las exportaciones venezolanas,
china ofrecio un paquete de 60 millones de Yuanes para estabilizar la economía
venezolana y la india (tradicionalmente cautelosa) denuncio la operación como
inaceptable por la violación de la soberanía energética. Era la primera manifestación
practica de una OPEP multipolar, una alianza informal entre productores energéticos
que se resisten a someter sus recursos al control exclusivo de Washington. Si
esta coordinación se consolida, podrá representar el fin definitivo de la hegemonía
americana sobre los flujos energéticos globales. Trump puede haber conquistado
el petróleo venezolano, esto involuntariamente aceleró la formación de una arquitectura
energética multipolar que eventualmente tornara irrelevante el control
americano sobre cualquier fuente individual de energía. La dimensión
tecnológica de la resistencia, también sorprendió a Washington. China no solo
condeno la operación, ofreció a Venezuela acceso a su red de satélites energéticos
para monitorear gasoductos y refinerías en tiempo real, una tecnología que ni
las corporaciones norteamericanas poseen, desenvuelta específicamente para
proteger la infraestructura energética contra sabotajes o ataques cibernéticos.
Rusia fue más lejos, ofreciendo sistema de defensa antiaérea, específicamente
proyectados para proteger instalaciones petroleras. Moscú había aprendido con
los ataque americanos a sus propios campos energéticos durante la guerra en Ucrania,
desenvolvió tecnología defensiva que podría tornar futuras operaciones
militares americanas contra infraestructura energética costosas en términos de
vida militares . La operación venezolana fue el primer test practico de la
capacidad americana de usar fuerza militar para controlar flujos energéticos en
el hemisferio occidental en la era de la multipolaridad. Trump probo que
todavía tiene capacidad militar para derribar gobiernos latinoamericanos que
desafíen su hegemonía energética, pero también probo que cada operación de este
tipo aproxima al mundo a una guerra energética global entre el imperio
decadente y un multipolar emergente. Cuando Delcy Rodríguez asumió
interinamente la presidencia venezolana, su primera declaración fue reveladora
“el petróleo venezolano pertenece al pueblo venezolano y jamás será entregado a
las corporaciones extranjeras”. Era una declaración de guerra energética contra
la estrategia de Trump. Por primera vez, desde la operación en Panamá en 1989,
Washington enfrentaba resistencia organizada a un cambio de régimen intentado
por ellos. La cuestión fundamental que surgió en las últimas horas es si el
mundo multipolar posee instrumentos eficaces para defender la soberanía
energética de los países medios contra las operaciones imperiales. Venezuela se
tornó un laboratorio donde la capacidad será testada. El resultado determinara
si vivimos una era de transición para una multipolaridad energética o de consolidación
final de la hegemonía imperial sobre los recursos naturales globales. Trump
conquisto el petróleo venezolano, pero puede haber perdido la guerra energética
global, porque por primera vez desde 1945, una operación militar americana para
controlar recursos energéticos enfrento una oposición coordinada de todas las
principales potencias no alineadas simultáneamente. Venezuela se volvió el
Stalingrado de la era energética multipolar y todavía no sabemos quién vencerá
esta batalla por el futuro del petróleo global. Pero una cosa ya está clara. La
era de la hegemonía energética unipolar llego a su fin el 3 de enero de 2026
cuando los primeros F35 decolaron de Puerto Rico en dirección a Caracas. Trump
puede tener capturado a Maduro y declarado el control sobre las reservas venezolanas,
pero también forzó al mundo multipolar a
acelerar la construcción de una arquitectura energética independiente,
que eventualmente, tornara irrelevante cualquier tentativa imperial de
controlar recursos a través de la fuerza militar. Venezuela se transformó en el
laboratorio donde el futuro energético del planeta será decidido. Si la
resistencia liderada por Delcy Rodríguez consigue sobrevivir, mantener control,
sobre por lo menos parte de la infraestructura petrolífera nacional, probará
que la era de los cambios de regímenes energéticos llego a su fin. Si Trump
consigue consolidad el control corporativo total sobre el petróleo venezolano,
confirmara que todavía vivimos en una era imperial, donde la fuerza militar
determina el acceso a los recursos naturales. La respuesta llegara en las
próximas semanas, cuando descubriremos si el mundo multipolar posee
instrumentos eficaces para defender soberanía energética contra el imperio
decadente, pero todavía militarmente dominante. Venezuela se transformó en el
test final de la transición geopolítica del siglo XXI. Y el petróleo que movió
al imperio puede estar pronto a alimentar su caída definitiva”


No hay comentarios:
Publicar un comentario