lunes, 5 de enero de 2026

Traducción del video de “Pepe Escobar” sobre Venezuela 04-01-2016

 



Traducción del video de “Pepe Escobar” publicado ayer 04-01-25, respecto al acontecimiento en Venezuela. Vale decir que las publicaciones de este analista han sido distorcionadas a través de la IA en la guerra informática. Adjunto link original de video

 

https://www.youtube.com/watch?v=d9eLHJDSq4A

 

“Cuando los primeros F35 (aviones de combate) decolaron de la base naval de Puerto Rico en la madrugada del 3 de enero de 2026, no solo estaban transportando explosivos para destruir las instalaciones militares venezolanas. Estaban cargando un peso de una estrategia energética, que “mutara/mudara” cambiara en las próximas décadas de la hegemonía americana en el hemisferio occidental. Porque por detrás de toda la retórica sobre “narcoterrorismo” y organizaciones criminales lo que realmente estaba en juego eran los 303 billones de barriles de petróleo, las mayores reservas comprobadas del planeta enterradas en el subsuelo venezolano. La operación que capturó a Nicolás Maduro 47 horas atrás no fue un golpe tradicional, fue la primera demostración práctica de la doctrina Moore 2.0 en la era de la escasez energética global, donde cada barril de petróleo se tornó un arma geopolítica y cada refinería una pieza en el tablero de una pieza en el tablero de geopolítica imperial. Trump no invadió Venezuela para combatir droga, invadió por que descubrió que en el siglo XXI el que controla el petróleo venezolano controla el hemisferio energético del hemisferio americano. Y aquí llegamos al corazón de la cuestión que ningún analista “maestrean” (medios masivos) osara tocar, hablar. La operación .. no comenzó n noviembre del 2025 como anuncio el pentágono, comenzó en agosto de 2023 cuando servicios de inteligencia americano detectaron que China estaba secretamente financiando la modernización de la infraestructura petrolera venezolana a través de la ruta de la seda, era inaceptable para Washington descubrir que Pequín podría tener el acceso preferencial a un tercio de las reservas globales del petróleo localizadas apenas a 1.500 km de la florida. Durante 16 meses, en cuanto Trump organizaba su vuelta al poder una coalición de cooperaciones energéticas americanas, Exón móvil, Chevron, Shell, Marathon Petroleum elaboraron los planos detallados para lo que llamaron internamente de “operación retomada”, no era apenas sobre derribar a Maduro, era sobre establecer un control corporativo directo sobre la industria petrolera venezolana que durara por lo menos 3 décadas. Venezuela posee 303 billones de barriles de petróleo comprobados más que Arabia Saudita, Irak y Kuwait juntos, debido al aislamiento internacional, sanciones americanas y años de no inversión, la producción venezolana había caído de 3,2 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 800.000 barriles diarios en 2025. Era un gigante energético disminuido artificialmente por la guerra económica americana. Para las corporaciones de Texas representaba la mayor oportunidad de expansión desde el descubrimiento del sistema fracking, en su territorio, a principios de siglo XXi, no por la cantidad, sino por la calidad, el petróleo de la faja del Orinoco, a pesar de ser pesado (espeso) puede ser refinado en  productos de alto valor agregado usando tecnología americana. Era como descubrir un nuevo Alaska excepto que este “Alaska” estaba localizado en una zona tropical sin complicaciones climáticas y con una población ya practica en la industria petrolera. Documentos internos de Exxon Móvil revelaron que había identificado a Venezuela como prioridad estratégica absoluta desde 2022 cuando perdió el acceso a los campos petrolíferos debido a las sanciones (por la guerra de ucrania). Rex Tillerson ex-CEO de ExxonMobil y ex secretario de D. Trump había “mapeado” personalmente los campos venezolanos más promisorios y calculado que un cambio de régimen favorable a los negocios podría resultar en un lucro de 300 billones de dólares en los próximos 20 años. Chevron que mantenía operaciones limitadas con Venezuela, a pesar de las sanciones de Biden, había expandido de manera secreta su presencia en el país a través de subsidiarias registradas en paraísos fiscales. Cuando Trump autorizo la operación militar Chevron ya tenía mapas detallados de todos los campos petrolíferos venezolanos y contratos preliminares con proveedores locales para retomar la producción integral en cuestión de semanas, era la fusión completa entre interese corporativos y estrategia militar imperial. El pentágono no estaba sirviendo solo a los intereses políticos americanos, estaba ejecutando un plan de negocios elaborado por las mayores corporaciones energéticas del mundo. La operación Southern Spear representaba la tercerización de la política externa americana para el complejo petrolero-militar-industrial. La primera señal publica de la verdadera naturaleza de la operación fue tres semanas antes de los bombardeos sobre caracas. En diciembre de 2025 la guardia costera americana comenzó a interceptar sistemáticamente todos los petroleros que transitaban por las aguas venezolanas. Primero fue un “Skipper”, un carguero panameño transportando petróleo bruto para Cuba, después un “Centuris” carguero de bandera Liberiana que llevaba combustible refinado para Nicaragua, el tercero fue el drama de “Bela 1” de Iran que huyo durante una semana de la persecución americana pintando una bandera rusa en el casco para evitar la captura. Era una guerra naval no declarada. Una estrategia de estrangulamiento económico que intentaba cortar completamente las exportaciones energéticas venezolanas. Trump Había transformado el caribe en un lago americano, donde ninguna gota de petróleo venezolano podía circular sin autorización de Washington. Era el retorno de las guerras del Opio, versión petrolera. “Ustedes venden solo lo que nosotros autorizamos, a los que nosotros autorizamos a comprar, por los precios que nosotros determinamos”. La genialidad de la estrategia estaba en la narrativa, durante 5 meses, desde septiembre de 2025 hasta enero de 2026 el pentágono bombardeo 35 embarcaciones, matando 115 personas diciendo que narcotraficantes. Era la construcción meticulosa de un casus beli energético disfrazado de guerra antidroga. Cada ataque preparaba a la opinión publica americana para que aceptara que Venezuela era un estado narcoterrorista que amenazaba la seguridad nacional a través del trafico de drogas. La realidad era exactamente lo opuesto. La Venezuela de maduro estaba produciendo menos droga que Colombia y Peru, ambos aliados americanos. Pero estaba sentado sobre la mayor reserva de petróleo no controlado por Washington o sus aliados sauditas. Lo peor, estaba desarrollando contratos energéticos con Rusia China e Irán, exactamente los tres países que Trump identificara como amenazas existenciales al dominio energético americano. Cuando el secretario de defensa Peter Hete anuncio formalmente la operación Southern Spear en noviembre de 2025, utilizo un lenguaje revelador “organizaciones narcoterroristas que amenazan la seguridad energética de los EEUU. No era sobre drogas era sobre energía. El pentágono había descubierto que china estaba construyendo un oleoducto que conectaría los campos petrolíferos venezolanos con el puerto de la Guaira desde donde el petróleo seria exportado directamente para refinerías chinas sin pasar por el sistema financiero controlado por Washington. Era inaceptable. Desde la era de Henry Kissinger, la estrategia energética americana se basaba en un principio fundamental. Todas las grandes transacciones de petróleo global deben pasar por sistemas controlados o monitoreados por Washington. El sistema de petrodólar, la hegemonía del dólar, como moneda de cambio energética, la capacidad americana de sancionar países a  través del bloqueo energético. Todo esto dependía de que ninguna reserva petrolera importante del mundo pudiese operar independientemente de la arquitectura financiera americana. La sociedad energética Chino-venezolana representaba la primera fisura seria, desde la nacionalización del petróleo iraniano en  1979. Si China consiguiese acceso directo al petróleo venezolano, pagando en yuanes a través del sistema bancario chino, estaría creando el primer corredor energético verdaderamente independiente del control americano en el hemisferio occidental. Era el inicio practico de la desdolarización energética de las américas. Los detalles de los acuerdos chino venezolanos revelados por fuentes de la inteligencia americana después de la captura de Maduro eran todavía más amenazadores para Washington de lo que se sospechaba públicamente. Pequín no estaba solo comprando petróleo venezolano, estaba financiando la construcción de una refinería ultra moderna La Guaira capaz de procesar dos millones de barriles diarios de petróleo pesado de la faja del Orinoco. Era tecnología de punta que ni las refinerías Texanas tenían. Esto maximizaba el valor de los recursos energéticos venezolanos. Peor todavía es que china estaba preparando ingenieros venezolanos en sus universidades para operar independientemente esa infraestructura. Ne era apenas una transacción comercial, era transferencia tecnológica que permitiría a Venezuela desenvolver capacidad energética autónoma por primera vez dese la era de Hugo Chávez. Washington descubrió que no solo estaba perdiendo esl acceso al petróleo venezolano sino también la dependencia tecnológica venezolana que le garantizaba el control indirecto sobre la industria energética del país. Además, el acuerdo con china incluía la construcción de un sistema de oleoductos submarinos conectando a Venezuela con Cuba y Nicaragua, permitiendo que esos aliados del eje multipolar recibieran energía venezolana sin pasar por aguas controladas por la guardia costera americana. Era la creación de una red independiente en el caribe. Era el tipo de infraestructura que podría servir como modelo para otros países latinoamericanos interesados en escapar de la dependencia energética americana. Por esto Trump no se resistió a ordenar  la operación más arriesgada de la política externa americana desde la invasión de Irak en el 2003, por que no estaba, apenas, conquistando petróleo venezolano, estaba impidiendo que china estableciese un precedente energético que podría ser replicado en toda américa latina. ¿Si Venezuela consigue vender petróleo a china sin pasar por el sistema controlado por Washington, porque no Brasil?, porque no México? Por qué no Argentina? La dimensión naval de la operación revelo su verdadera naturaleza. Trump no solo bombardeo instalaciones militares venezolanas, estableció una zona de exclusión marítima de 500km alrededor de Venezuela, donde cualquier petrolero no autorizado seria atacado sin aviso previo. Era piratería legalizada, la transformación del caribe en una zona militar americana, donde las leyes fueron suspendidas en nombre de la seguridad energética. La flora americana destacada para la operación era desproporcional para cualquier operación antidrogas. Tres destructores con misiles guiados, tres navíos de asalto anfibio, un submarino nuclear armado con  misiles de crucero, seis mil marine, además de cazas  F35 en las bases de Puerto Rico. Era una fuerza de invasión proyectada para ocupar y controlar infraestructura energética, no para interceptar barcos de pescadores transportando cocaína. Lo más revelador era la composición técnica de la flota la nave donde maduro fue llevado después de la captura había sido especialmente modificado como un laboratorio para análisis de muestras petrolíferas y equipamiento de mapeos geológicos submarinos. Los destructores no cargaban solamente armamento convencional, tenían también sistemas de guerra electrónica, especialmente calibrados para deshabilitar equipamientos de refinería de petróleo, sin  causar explosiones que podrían dañar la infraestructura energética. Era una operación militar proyectada desde el inicio para preservar intactas las instalaciones petroleras venezolanas para futuras exploraciones corporativa americana. Trump no quería destruir el petróleo venezolano, quería conquistarlo operacional y rentable, por esto la precisión quirúrgica de los bombarderos que atacaron apena instalaciones militares sin tocar refinerías o oleoductos importantes. Y funciono perfectamente. En 47 horas Trump lo que ni George Bush ni Barak Obama habían tentado. Control directo sobre la mayor reserva petrolera del hemisferio americano, cuando anuncio que empresas americanas reconstruirán la infraestructura petrolera venezolana. Estaba oficializando la mayor transferencia de activos energéticos de la historia reciente de las américas. Aquí llegamos a la dimensión más aterradora de la operación, se creó un precedente legal que puede ser aplicado en cualquier país sudamericano que desarrolle asociaciones energéticas independientes. La doctrina jurídica utilizada para justificar los bombardeos sobre Venezuela, autodefensa contra organizaciones terroristas que amenazan la seguridad energética americana es suficiente vaga para ser aplicada a Brasil, si Brasil decide vender petróleo a china en yuanes. O México si decidiera exportar gas natural a >Irán o Argentina si permitiera que Rusia explora sus reservas. Trump transformo a Venezuela en un laboratorio para testar la vialvilidad militar de la doctrina Monroe 2.0 en la era de la multipolaridad energética. La pregunta fundamental es: ¿será que el mundo multipolar tiene capacidad militar y económica para defender un país latinoamericano contra la operación de EEUU motivada por recurso energéticos? La respuesta venezolana determinara si otros países del hemisferio tendrán derecho a la soberanía energética o si serán obligados a aceptar el status permanente se proveedores subordinados al imperio. La reacción china fue inmediata y cuidadosamente calibrada, Pequín no envió barcos de guerra al caribe, sería una escalada militar que podría resultar en una tercera guerra mundial. Pero anuncio que cualquier interrupción de los contratos energéticos con china serán considerados actos hostiles contra la seguridad energética de la república popular china. Es una línea roja económica, Washington puede bombardear Venezuela, pero no puede cancelar unilateralmente los contratos chinos sin consecuencias, Rusia fue más directa. Moscú anuncia que considera la operación en Venezuela un precedente inaceptable de piratería energética y que cualquier ataque americano contra infraestructura energética en países aliado a Rusia resultara en respuesta asimétrica en los puntos vulnerables de la infraestructura energética americana. Es una respuesta velada más clara. Si Washington atacara el petróleo ruso en Venezuela Moscú puede atacar gasoductos americanos en Alaska. Irán, como se esperaba, fue más lejos. Terán anuncio que la captura de maduro constituye una declaración de guerra energética contra todos los países que se reúsan a someter sus recursos naturales al control imperial y que cualquier petrolero iraní atacado por fuerzas de EE.UU. resultara en el cierre temporario del estrecho de Ormuz, que es el equivalente del MAD (autodestrucción mutua). Si Washington continúa atacando petroleros iraníes, Irán puede interrumpir el 20% del trafico mundial del petróleo. Es exactamente la escalada que Trump esperaba evitar, pero se tornó inevitable a partir del momento en que decidió transformar la guerra energética en una política oficial americana. Porque la operación venezolana envió un mensaje claro para todos los países productores de petróleo. “Ustedes venden para quien nosotros autorizamos, por los precios que nosotros determinamos, a través del sistema que nosotros controlamos, o enfrentan un régimen de cambio”. Tal vez el aspecto mas revelador es la total subordinación energética de Europa a los EEUU.  Ni Francia, ni Alemania ni Italia, protestaron contra la violación fragrante de la soberanía venezolana porque saben que dependen completamente del petróleo controlado por Washington o sus aliados sauditas. Europa perdió su independencia energética en el momento que decidió sancionar el petróleo ruso. Ahora no tiene más alternativa que aceptar los flujos energéticos globales, El silencio europeo delante de la operación venezolana fue la confesión final de que el viejo continente se tornó un protectorado energético americano.  Cuando Washington decide quién puede o no vender petróleo, Bruselas simplemente ratifica la decisión. Es el fin simbólico de la soberanía energética europea sustituida por una dependencia total de las decisiones estratégicas de Trump. Para Brasil las implicaciones son todavía mas dramáticas. Brasil posee la cuarta mayor reserva de petróleo de América y desenvolvió tecnología de agua profundas que despiertan intereses chinos y rusos. Si Trump consigue consolidar su posición sobre petróleo venezolano, el próximo objetivo será impedir que Brasil desarrolle proyectos independientes con países no alineados. El precedente venezolano creo un dilema estratégico para todos los países de los BRICS con recursos energéticos significativos. Brasil posee el Pre-Sal (reserva petrolera más importante de ese país), Rusia domina el gas natural europeo, Irán controla el estrecho de Ormuz los Emiratos Árabes Unidos buscan el equilibrio entre Washington y Pekín. La operación en Venezuela envió un mensaje claro. Cualquier miembro de los BRICS que desenvuelva emprendimientos conjuntos energéticos que amenacen la hegemonía del petrodólar enfrentará consecuencias militares. Frente a esto la reacción de los BRICS  fue coordinada de forma inédita, por primera  vez en la historia todas las principales potencias energéticas, no alineadas con EE.UU., respondieron simultáneamente a la operación militar americana. Rusia ofreció asistencia técnica inmediata, Irán prometió compensar cualquier interrupción en las exportaciones venezolanas, china ofrecio un paquete de 60 millones de Yuanes para estabilizar la economía venezolana y la india (tradicionalmente cautelosa) denuncio la operación como inaceptable por la violación de la soberanía energética. Era la primera manifestación practica de una OPEP multipolar, una alianza informal entre productores energéticos que se resisten a someter sus recursos al control exclusivo de Washington. Si esta coordinación se consolida, podrá representar el fin definitivo de la hegemonía americana sobre los flujos energéticos globales. Trump puede haber conquistado el petróleo venezolano, esto involuntariamente aceleró la formación de una arquitectura energética multipolar que eventualmente tornara irrelevante el control americano sobre cualquier fuente individual de energía. La dimensión tecnológica de la resistencia, también sorprendió a Washington. China no solo condeno la operación, ofreció a Venezuela acceso a su red de satélites energéticos para monitorear gasoductos y refinerías en tiempo real, una tecnología que ni las corporaciones norteamericanas poseen, desenvuelta específicamente para proteger la infraestructura energética contra sabotajes o ataques cibernéticos. Rusia fue más lejos, ofreciendo sistema de defensa antiaérea, específicamente proyectados para proteger instalaciones petroleras. Moscú había aprendido con los ataque americanos a sus propios campos energéticos durante la guerra en Ucrania, desenvolvió tecnología defensiva que podría tornar futuras operaciones militares americanas contra infraestructura energética costosas en términos de vida militares . La operación venezolana fue el primer test practico de la capacidad americana de usar fuerza militar para controlar flujos energéticos en el hemisferio occidental en la era de la multipolaridad. Trump probo que todavía tiene capacidad militar para derribar gobiernos latinoamericanos que desafíen su hegemonía energética, pero también probo que cada operación de este tipo aproxima al mundo a una guerra energética global entre el imperio decadente y un multipolar emergente. Cuando Delcy Rodríguez asumió interinamente la presidencia venezolana, su primera declaración fue reveladora “el petróleo venezolano pertenece al pueblo venezolano y jamás será entregado a las corporaciones extranjeras”. Era una declaración de guerra energética contra la estrategia de Trump. Por primera vez, desde la operación en Panamá en 1989, Washington enfrentaba resistencia organizada a un cambio de régimen intentado por ellos. La cuestión fundamental que surgió en las últimas horas es si el mundo multipolar posee instrumentos eficaces para defender la soberanía energética de los países medios contra las operaciones imperiales. Venezuela se tornó un laboratorio donde la capacidad será testada. El resultado determinara si vivimos una era de transición para una multipolaridad energética o de consolidación final de la hegemonía imperial sobre los recursos naturales globales. Trump conquisto el petróleo venezolano, pero puede haber perdido la guerra energética global, porque por primera vez desde 1945, una operación militar americana para controlar recursos energéticos enfrento una oposición coordinada de todas las principales potencias no alineadas simultáneamente. Venezuela se volvió el Stalingrado de la era energética multipolar y todavía no sabemos quién vencerá esta batalla por el futuro del petróleo global. Pero una cosa ya está clara. La era de la hegemonía energética unipolar llego a su fin el 3 de enero de 2026 cuando los primeros F35 decolaron de Puerto Rico en dirección a Caracas. Trump puede tener capturado a Maduro y declarado el control sobre las reservas venezolanas, pero también forzó al mundo multipolar a  acelerar la construcción de una arquitectura energética independiente, que eventualmente, tornara irrelevante cualquier tentativa imperial de controlar recursos a través de la fuerza militar. Venezuela se transformó en el laboratorio donde el futuro energético del planeta será decidido. Si la resistencia liderada por Delcy Rodríguez consigue sobrevivir, mantener control, sobre por lo menos parte de la infraestructura petrolífera nacional, probará que la era de los cambios de regímenes energéticos llego a su fin. Si Trump consigue consolidad el control corporativo total sobre el petróleo venezolano, confirmara que todavía vivimos en una era imperial, donde la fuerza militar determina el acceso a los recursos naturales. La respuesta llegara en las próximas semanas, cuando descubriremos si el mundo multipolar posee instrumentos eficaces para defender soberanía energética contra el imperio decadente, pero todavía militarmente dominante. Venezuela se transformó en el test final de la transición geopolítica del siglo XXI. Y el petróleo que movió al imperio puede estar pronto a alimentar su caída definitiva”


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