La dificultad de comprender el presente
Estos años quedarán registrados en la historia como uno de los períodos de mayor transformación en el modo de vida de la humanidad. Sin embargo, cuando uno es protagonista del momento, no resulta fácil tomar conciencia de su magnitud. Carecemos de una visión holística de la evolución de los sucesos; estamos inmersos en la corriente y nos cuesta ver el proceso completo.
Muchos pensadores han señalado con acierto que el futuro está en nuestro pasado. Dicho así, parece una afirmación que no encaja con la manera habitual de pensar, pero si nos detenemos a analizar nuestro comportamiento, advertimos que este está condicionado en gran medida por los acontecimientos que nos han impactado a lo largo del tiempo. La memoria —tanto individual como colectiva— no es un archivo muerto, sino un prisma a través del cual interpretamos lo que nos sucede.
La naturaleza humana y el peso de las ideas
Cuando nos referimos al pasado histórico, solemos pensar en un pasado reciente: las revoluciones y guerras del siglo XX que dejaron marcas profundas en nuestra memoria. Pero para tener una visión abarcativa es necesario retroceder aún más y preguntarnos por qué las civilizaciones comenzaron a ser más agresivas y destructivas unas contra otras, especialmente a partir de las conquistas del siglo XV y las dos guerras mundiales del siglo XX.
Sobre este tema se omite hablar, sea por falta de información o por una actitud deliberada. La fundamentación esencial que promueven los centros de poder es la exaltación del individuo como motor de la sociedad: el libre emprendedor sin ataduras. Esta fue la ideología que fundó el origen y la expansión del capitalismo desde sus inicios, en la Europa del siglo XVII. Una teoría liberal que, por cierto, hoy se sigue enseñando en nuestras universidades.
La falsa oposición y el diagnóstico sin salida
Este punto es de suma importancia. Vemos cómo muchos periodistas e intelectuales que se autodefinen como opositores fundamentan su posición señalando a un sector social privilegiado y a otro sometido. De esta manera, reducen el enfrentamiento a una clase contra otra. Si bien esto es parte de la verdad, oculta al verdadero poder económico, que está por encima de todos los sectores sociales y sobrevive a las distintas generaciones. El imperialismo tiene siglos de existencia.
Difundir teorías antagónicas que no son factibles es una táctica para que el sistema dominante sobreviva. Esto lo vimos en la segunda mitad del siglo pasado. Las experiencias que perduraron lo hicieron porque, de alguna manera, modificaron sus gobiernos. Me refiero a las revoluciones que comenzaron con un rasgo “marxista” imitando el modelo soviético, como el caso cubano.
Como ya lo he señalado en otros artículos, los medios de comunicación, junto con algunos referentes bien intencionados, coinciden en pregonar una alternativa que dificulta la conformación de una opción política factible frente al enemigo en común. Por ejemplo, vemos en muchos programas opositores de gran audiencia cómo se invita a analistas políticos e intelectuales supuestamente opositores. Estos hacen un diagnóstico detallado y certero de los males causados por los gobiernos liberales, pero se quedan en el diagnóstico y no encuentran la salida. Es el caso del intelectual italiano muy difundido que plantea "desertar": me refiero a Bifo Berardi.
La memoria colectiva y sus falsos referentes
La memoria individual y la colectiva se retroalimentan. Esto ha sido estudiado, y su importancia es tal que existe ocultamiento o desinformación, precisamente porque la memoria colectiva da sentido a la memoria individual. Cuando esta comienza a vertebrarse sobre referentes que la interpretan, empieza a gestarse una situación propicia para superar los obstáculos que encuentra a su paso. Dicho de esta manera, parece algo bastante causal y fácil de entender, pero el tema es más complejo, ya que se atraviesan distintos falsos referentes con el objetivo de desviar la atención de las verdaderas causas del problema.
La correlación entre la problemática nacional, la geopolítica y la velocidad de la información
Los procesos históricos se aceleran por el impacto de la rapidez de la información. Hoy se vive el acontecimiento de cualquier lugar del mundo de manera simultánea. La situación en Medio Oriente y la crisis de Estados Unidos tienen una relación directa con el futuro inmediato de la Argentina. El derrumbe del poder unipolar de EE.UU. —que ya comenzó— afectará directamente a toda Latinoamérica. Hoy no hay lugar en el mundo cuya singularidad no esté afectada por los acontecimientos globales. Antes, una información tardaba tres meses en llegar a través del Atlántico; hoy llega al instante desde cualquier punto del planeta.
La disputa por las redes: manipulación y resistencia
A la velocidad de la información hay que sumarle el protagonismo que tiene la población en su difusión. Esto se ha logrado a través de las redes sociales y los teléfonos móviles. Si bien provocan hábitos adversos, constituyen un medio de comunicación directo entre las personas. Se han convertido en un objeto de disputa por quién tiene el protagonismo.
En África se ha dado un caso paradigmático y documentado: un movimiento popular organizado en la zona del Sahel (Níger, Malí y Burkina Faso). La revuelta se difundió a través de teléfonos móviles por los mismos protagonistas, en su mayoría jóvenes. Este fenómeno logró consolidar gobiernos autónomos.
El caso contrario se dio en México: la marcha del 15 de noviembre de 2025 fue promovida principalmente por un colectivo autodenominado "Generación Z México". Sin embargo, el gobierno señaló que detrás había una campaña orquestada por actores de la oposición y empresarios. La convocatoria se difundió pasivamente en redes sociales como X, TikTok e Instagram. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó la protesta como una operación política "financiada desde el extranjero". Aunque la convocatoria se presentó como un movimiento juvenil espontáneo, el informe del gobierno y los análisis de medios indicaron que fue una campaña digital coordinada que no logró una gran convocatoria de jóvenes, asistiendo en su mayoría personas mayores de 30 años.
Redes sociales, emancipación y centros de poder
En los medios convencionales —diarios, radio y televisión—, los contenidos estaban sujetos a una programación y dependían en gran medida de quienes disponían los recursos económicos para sostener una comunicación con una determinada finalidad. En las redes, el protagonismo está pasando a ser de las personas: no hay mediación. Esto ha provocado una influencia creciente en los medios de comunicación tradicionales.
Los centros de poder tratan de tener influencia en las redes a través de los llamados “bots”, que multiplican los “me gusta” o comentarios de supuestas personas. Se utilizan para difundir opiniones falsas. También es muy conocida la manipulación de imágenes, de voz y del contenido escrito de los mensajes. Tal es así que existen procedimientos específicos para detectar aquellas falsificaciones realizadas con técnicas avanzadas, aunque hay otras más burdas que se pueden identificar sin herramientas técnicas.
De esta manera, podemos entender que el protagonismo de las redes sociales, en un principio al servicio de loa centros del poder económico que las utilizaban para incentivar el consumo de determinados artículos e influir sobre las inclinaciones políticas. Hoy esta pasando a ser un factor para promover los movimientos emancipatorios.
Los centros de poder económico ya no disponen las redes a su arbitrio.
Argentina: un gobierno distópico en el marco global
Volviendo a la situación de la Argentina, en el marco señalado —esto es, la manipulación mediática y la exacerbación de la polarización— se puede entender cómo fue posible llegar a un gobierno "distópico", si se lo puede llamar así. El propósito de llevar adelante un proyecto en el cual los emprendedores serán los que den sostenibilidad al sistema es el motor de la disolución social. Esto se agudiza por que cuanto mayor es la crisis, mayor es la agudización de sus medidas para sobrevivir. Es todo lo contrario del origen de la comunidad que se organiza en torno a objetivos comunes por el bien de todos.








