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jueves, 29 de enero de 2026

Inteligencia artificial, medios y fetichismo del dinero: desvelando los poderes ocultos que modelan la realidad

 



Últimamente se habla mucho sobre la inteligencia artificial, sobre su poder y cómo ha influido en la conducta de cada uno de nosotros. Las conjeturas son varias; muchas de ellas apuntan a que la IA modificará definitivamente nuestro modo de vida. Esto instala en la gente la creencia de que es un poder autónomo que supera al humano. Así llegamos hoy a la magnificación de la IA, diciendo que ha capturado al hombre y que estamos a merced de ella. Con esto se oculta que es un instrumento al servicio del poder económico.

 

Intentaremos desglosar esta idea. Desde el surgimiento de la modernidad y luego el capitalismo, la comunicación ha sido un instrumento clave para poder implementar dicho sistema. Ya desde la colonización de América, los “escribientes” (así se llamaba a los reporteros de la época) describían lo que sucedía en América para informar a los reyes de España. Esta información ya era distorsionada para que las autoridades españolas aprobaran las medidas que se realizaban en América con fines económicos.

 

Desde aquella época, la información fue y es de vital importancia para la vida de las personas. En nuestros días, los medios de comunicación no solo informan sobre la realidad, sino que participan activamente en su construcción, creando un marco o "ecosistema simbólico" en el que las personas navegan, interpretan el mundo y toman decisiones.

 

Los medios no le dicen a la gente “qué pensar”, sino “sobre qué pensar”. Al seleccionar y destacar ciertos temas (inseguridad, crisis económica, escándalos), dan forma a la percepción de lo que es importante. Los medios no solo presentan hechos; los *enmarcan*. El mismo evento —una protesta, por ejemplo— puede ser presentado como "un ejercicio legítimo de derechos" o como "un disturbio violento". Este marco condiciona la interpretación.

 

Los medios también generan un “clima de opinión”. Si una postura parece mayoritaria en los medios, las personas con opiniones contrarias tienden a autocensurarse por miedo al aislamiento, reforzando así la visión dominante.

 

La exposición prolongada y repetitiva a la televisión y a los medios “cultiva” una visión del mundo que se alinea con la realidad representada; quienes ven muchas noticias violentas sobreestiman la inseguridad real.

 

Cómo los medios "crean" la realidad:

 

- Selección y omisión: Los medios eligen un ínfimo porcentaje de eventos para convertirlos en "noticia". Lo que no se muestra queda fuera de la realidad.

- Jerarquización: El orden y el espacio dedicado crean una jerarquía de importancia en la mente del público.

- Lenguaje e imágenes: El uso de ciertas palabras (ej.: "terrorista" vs. "luchador por la libertad") o imágenes específicas (un plano amplio de multitudes vs. un primer plano de un enfrentamiento) carga emocional y políticamente la información.

- Normalización y naturalización: Al presentar constantemente ciertos estilos de vida, valores o estructuras sociales (como el consumismo o ciertos modelos familiares), los medios los hacen parecer "normales" y "deseables", marginando alternativas.

- Creación de identidades colectivas: Definen "nosotros" y "ellos", reforzando identidades nacionales, de clase o grupo.

 

Todo lo anterior genera una desconexión con la realidad. La influencia mediática distorsiona, crea polarización y fragmentación por la multiplicación de canales y burbujas informativas; ya no hay una, sino “múltiples realidades mediáticas” en competencia, lo que fractura el consenso social.

 

Los medios de comunicación son los arquitectos fundamentales de la realidad social en la que vivimos. No crean la realidad material (una piedra es una piedra), pero sí crean el “significado”: la importancia y el contexto emocional que le asignamos a los eventos y fenómenos. Es una realidad “parasitaria”, pero con autonomía y poder causal propio.

 

En última instancia, somos consumidores y también coproductores de esa realidad. Nuestra atención y nuestra participación son el combustible que la mantiene viva.

 

El elemento que está íntimamente relacionado con todo esto es el suprapoder del dinero, que funciona como un fetiche: posee a las personas y las arrastra tras un objetivo insaciable. Al ser insaciable, la insatisfacción es el motor que lo alimenta. Es una carrera sin fin, que se nutre del deseo de algo externo que nunca satisface. Esto se llama un fetiche, que solo tiene la función de atraer como un fin en sí mismo, aislando al hombre de todo lo demás. Lo único que importa es el objetivo; esta es la trampa. El fetiche aísla a las personas de su entorno; cada uno persigue sus objetivos y solo hay alianzas por la conveniencia de conseguir lo deseado. Así llegamos a una sociedad individualista en la que el prójimo no importa.

 

El dinero es el símbolo del fetiche. Esto hace que la mayoría de las acciones tengan como fin conseguirlo. Está representado por parámetros deseados: poder, estatus, influencia, etc.

 

Observando hacia atrás, vemos cómo la llamada “civilización” se propagó con base en el sometimiento de unos sobre otros. Así llegamos al día de hoy, en el que se señala a la IA como el nuevo poder que gravita sobre los hombres. Esta es la nueva artimaña para esconder al mismo poder que rige Occidente desde el siglo XVII. La IA actúa seleccionando los contenidos acordes a los propósitos incorporados en sus algoritmos. Estos se basan en un sistema básico, llamado sistema binario, que se limita a la combinación de ceros y unos. Así vemos que la inteligencia artificial no es un suprapoder autónomo al cual el hombre esté sujeto. La IA obedece a la voluntad del individuo y sus intereses particulares o sectoriales, compartidos con quienes son necesarios para lograr los objetivos particulares propuestos. Así queda de lado el bien común; lo particular prima sobre lo colectivo, potenciando la concentración de la riqueza con la consecuencia del empobrecimiento de la población.

 

Este poder siempre permanece oculto. En los últimos decenios, el avance de la ciencia ha estado al servicio del poder económico, perfeccionando su batalla a través del avance tecnológico. La inteligencia artificial está a su servicio.


domingo, 16 de julio de 2023

COLONIZACION CULTURAL


Lo que llamamos modernidad coincide con la expansión colonial a partir de 1492, esta modernidad se construyó a base de la destrucción de otras civilizaciones imponiendo la propia. En un principio la dominación cristiana y luego la civilización moderna que es una secularización de la cristiandad como una teología de la dominación. Acá hay que hacer una diferenciación entre cristiandad y cristianismo que es una teología de la dominación que esta incrustada en las estructuras estatales de una Europa medieval de ese entonces y que luego se expandió al resto del mundo. Después la modernidad con la secularización del cristianismo se suceden los cuatro epistemicidios (término acuñado por Bonaventura de Sousa) la conquista de Al-Andaluz (parte de la península ibérica, que da origen al nombre que hoy conocemos como Andalucía), la conquista de África, la conquista de América, y conquista de las mujeres de vida liberal acusadas de ser brujas. Estas conquistas no solo fueron procesos genocidas sino también procesos de destrucción de sus estructuras de conocimiento y así en sus inicios la modernidad obtuvo las ciencias de otras civilizaciones, que lo podemos llamar extractivismo epistemológico, tomar conocimiento de muchas civilizaciones, especialmente la islámica que estaba en las fronteras de Europa. Las universidades europeas se constituyen a través de esos cuatro epistemicidios que constituyeron un conocimiento racista y sexista durante el siglo XVI para después pasar de la autoridad cristiana a la autoridad del conocimiento de las seudociencias en el siglo XIX. En este momento histórico es en donde el conocimiento pasa constituirse en la “nueva religión” llamadas ciencias modernas que no es otra cosa que la secularización de la narrativa de la cristiandad en donde podemos decir que si en el siglo XVI era “te cristianizas o te mato” en el siglo XIX pasa a ser “o te civilizas o te mato”, conocida es la frase “civilización o barbarie”, así es como se aniquilaron millones de personas bajo la consigna civilización y progreso en el siglo XIX. Y en el siglo XX pasamos al “o te desarrollas o te mato” y en el siglo XXI “o te democratizas o te mato”. Todos estos son proyectos imperiales globales de dominación bajo algún tipo de discurso humanitario invocando la salvación del mundo a través de algún tipo de noble proyecto que en realidad lo que realmente que están haciendo es tapar el saqueo y superexplortar la naturaleza con las consecuencias a la vista. Estos son los temas a los que debemos prestar atención y tener un proyecto alternativo de descolonización de la epistemología de la universidad porque si no lo hacemos los países que están pasando por un proceso emancipatorio van a educar sus estudiantes con conceptos eurocéntricos, esto significa que no podemos hacer proyectos antiimperialistas con la epistemología de ellos. En consecuencia podes ir a la universidad con las mejores intenciones pero si no descolonizas la universidad vas a producir intelectos colonizados y su función social posterior en el mercado laboral va a ser una fuerza funcional al sistema imperante por que han sido entrenados para ello con un conocimiento extraño. Consecuentemente la descolonización del conocimiento es una estrategia en cualquier transformación emancipadora. Volviendo al inicio de esta cuestión es importante señalar que en el dualismo de occidente, durante el Medioevo, donde cualquier humano que experimentara con la naturaleza era acusado de jugar con las fuerzas del mal razón por la cual se quemaba a la gente viva, problema que no tuvieron las civilizaciones africanas islámicas y americanas porque consideraban a la naturaleza como parte de la creación esto es un concepto holístico. En el momento que vivimos la ciencia ve a la naturaleza como un instrumento al servicio de la producción ilimitada, razón por la cual está siendo el centro de la destrucción de la vida en el planeta. Durante el siglo XIX se fueron construyendo las áreas del conocimiento, como antropología para estudiar a las personas, conocimientos sobre economía para implementar una política económica que fuera compatible con el sistema capitalista (x ejemplo el libre mercado para nosotros y el proteccionismo para ellos) Geografía para su geopolítica militar, ciencias políticas para desarrollar las políticas de estado. Dividen el conocimiento en compartimientos estancos, fragmentados por que esa era la manera en que necesitaban que se produjera el conocimiento. Desde el Sur que es nuestra perspectiva no necesitamos esas fragmentaciones, debemos enfocarnos en conceptos mas holísticos de producción de conocimiento y juntar los puntos en común en vez de fragmentar el conocimiento. Las disciplinas clásicas se ocupan de los problemas circunscriptos a determinados objetivos, pasado ese ciclo caen en decadencia epistémica o disciplinaria porque su valor residía solamente en resolver los problemas planteados en ese momento. Esto lleva a una ciencia sobrevalorada que se justifica a sí misma, sin ética, en el sentido de que es el medio para develar y resolver todos los problemas. Esta exagerada justificación lleva a un fetichismo pues se idolatra a los signos a través de los cuales funciona la ciencia. Por ejemplo un concepto (compuesto por signos) es un contenido que vuelve sobre si mismo, este es el contenido de la subjetividad moderna, es autorreferente yo soy la medida de todas las cosas. Esto lleva a que cuando se relaciona con el otro lo cosifico, lo instrumentalizo Para esclarecer un poco mas este tema señalamos que el fetichismo es una “realidad imaginada”, es un producto humano que se vuelve en contra de sus intereses, todas las instituciones que han creado los hombres, desde “su autoridad” le dice lo que debe hacer. Así las instituciones se vuelven opresoras de los hombres que las crearon. De esta manera se pasa a estar subordinados por lo que digan los símbolos que ahora son la nueva verdad. Este es el paso de la ética a la utilidad. Por tal razón la ética debe ser para poner límite a la “utilidad de las ciencias”. Para dilucidar un poco más este tema trataremos de conceptualizar que es una institución. Hace 150 mil años despertó la conciencia en el ser humano, pues fue el primero que se dio cuenta de que estaba vivo y con esta conciencia de estar vivo nace la responsabilidad (por ej. saber que necesita comer para vivir) y si radicalizamos esto, cada uno de nosotros somos la vida consiente. Demos un ejemplo, la vida de cada viviente requiere de la diversidad de la comunidad desde un principio, por ejemplo, estas comienzan cuando el hombre se pone de acuerdo con otros para atrapar un animal, cada uno conoce su rol y cada uno recibe una responsabilidad, todo en función del bien común para poder reproducir la vida, “...para bien de todos”como dice el Martin Fierro, desde este punto de vista el egoísmo es irracional. La voluntad que es el origen del poder tiene un sentido comunitario. El poder no tiene que ver con la dominación, sino con el poder vivir. Dejar de lado la concepción dualista de que la naturaleza no está frente a nosotros sino que la naturaleza somos nosotros y salir de tener una relación antagónica con ella donde los humanos están en un lado y la naturaleza en otro es más necesario que nunca.
La presente nota tiene como fuentes a Ramon Grosfoguel prof, Univ.de Berkeley California. Juan José Bautista Segalés Doctor en Filosofía boliviano, (1958-2021) estudió en la Universidad Mayor de San Andrés y en la Nacional Autónoma de México