Varios
intelectuales de Argentina, y también de Latinoamérica, siguen analizando al
día de hoy la problemática social y económica desde un punto de vista
eurocéntrico. Más allá de que ellos se consideren críticos y opositores al
sistema, en verdad no lo son. Analizando el tema en profundidad, se puede decir
que son funcionales al sistema por el hecho de ocultar las verdaderas causas de
la dependencia del imperialismo occidental.
Los
evasores que ellos denuncian son consecuencia de un sistema que alimenta una
manera de producir dinero en forma financiera. Este es, en verdad, el sostén de
todo el sistema capitalista occidental. Este sistema es el que hay que
denunciar; coopta a los tenedores del dinero, "los dueños del
capital". Por esto se dice que hay una tiranía del rendimiento.
La riqueza
es gestionada por fondos de inversión y bancos que atrapan a los especuladores
en una competencia global por el rendimiento. Si uno de ellos no crece al mismo
ritmo que los índices de referencia —por ejemplo, el S&P 500 (uno de los
indicadores más importantes de al menos 500 empresas)—, se considera una
"mala gestión". Esto los obliga a buscar, inevitablemente, paraísos
fiscales y jurisdicciones más flexibles para maximizar las ganancias. Por todo
esto, muchos viven con un miedo estructural a la pérdida de estatus, de poder,
de "lo ganado". El sistema les ofrece "protección" mediante
el secreto y la fragmentación de sus activos. Salirse de ese sistema —declarar
todo, pagar impuestos en su país— los haría sentirse vulnerables frente a sus
pares que se mantienen en el anonimato. Están atrapados en una carrera
financiera entre ellos mismos.
El
verdadero poder no lo tiene el CEO, sino los gestores de fondos de inversión
(como BlackRock, Vanguard o State Street), que son los dueños mayoritarios de
las grandes corporaciones. Su mandato es único: retornos. Ellos son los
"capitanes del suprapoder", pero a su vez están atrapados por la
competencia con otros fondos.
Podemos
decir que los individuos más ricos y poderosos son esclavos de un poder que
ellos mismos han creado. Son, en muchos sentidos, los prisioneros más efectivos
del sistema. No pueden escapar de su lógica sin arriesgar su posición dentro de
él. Son funcionarios intercambiables: si uno no cumple con el mandato implacable
del rendimiento financiero a corto plazo, el sistema lo expulsa y pone a otro
en su lugar.
Desde la
mitad del siglo pasado comenzó la desmaterialización de la riqueza. La fortuna
ya no es una fábrica, sino un portafolio de activos financieros globales.
La
alternativa a esto es superar el sistema que tiene como centro al individuo
aislado, un concepto que comenzó en los siglos XVII y XVIII en Europa
—contenido que aún se enseña desde ese punto de vista en nuestras
universidades—. En todas las instituciones de Occidente que tienen que ver con
la transmisión de conocimientos, se toma al hombre como sujeto y artífice de la
historia de la humanidad. Esta exaltación del individualismo es el punto
central del desarrollo y expansión del capitalismo hasta nuestros días, y ha
sido el factor más importante para su desarrollo como motor de progreso. Se
destacan las capacidades de las personas como principio impulsor para lograr
objetivos que, supuestamente, beneficiarían a toda la sociedad.
En tal
sentido, se estimula a los emprendedores excluyendo la acción solidaria. Esto
trajo aparejada la exclusión social, con las consecuencias por todos conocidas.
Un objetivo colectivo es el único que puede contener a los individuos.
Este ciclo
ha llegado a su fin. Hoy, Europa occidental está en una crisis profunda. Han
emergido teorías poshumanistas que plantean un horizonte distópico frente a la
encerrona. El Grupo de Davos, en donde se concentran los más ricos del mundo y
se reúnen periódicamente en esa ciudad suiza, se ha dado cuenta de que el mundo
colapsa por la evolución irracional del capitalismo occidental. Pero ellos le
echan la culpa a la sobrepoblación. Frente a esto, han planteado llevar
adelante un sistema que tiene que ver con un maltusianismo: para ellos, el problema
es que hay mucha gente —de 8.000 millones, dicen que hay que bajar a 2.000—.
Analistas sostienen que el experimento de la reducción de población ya comenzó
en Gaza.
Ya lo hemos
señalado en otros artículos: la alternativa a todo esto —que no surgió ahora,
sino que viene de lejos— han sido los movimientos emancipatorios del hemisferio
sur. Tales movimientos fueron ocultados o distorsionados. El de más
trascendencia fue el movimiento peronista, surgido en 1945. Tuvo un desarrollo
industrial y una política distributiva importante que impresionó al mundo
occidental por ser un país del sur. Frente a esto, los intelectuales argentinos
no lo entendieron: no encajaba en las categorías de los sistemas políticos
europeos; no era marxista ni tampoco liberal; no era de izquierda ni de
derecha. Esto llevó a la mayoría de ellos a rechazarlo, adjudicándole —en su
mayoría— características fascistoides, referenciándolo con Mussolini en Italia.
Este rechazo de los intelectuales a los movimientos nacionales en el hemisferio
sur latinoamericano no solo sucedió en Argentina, sino también en otros países
de la región.
Quienes sí
saben, y lo interpretan muy bien, son los centros de poder que manejan los
medios de difusión. Consecuentemente, estimulan y también respaldan materialmente
a todos aquellos agentes que distraigan a la opinión pública.
#Evasores #Capital #Rendimiento #ParaisosFiscales #FondosDeInversion #ExaltaciónDelIndividualismo #MovimientoPeronista #IzquierdaDerecha


2 comentarios:
CREO QUE EL CONTENIDO DEL ESTUDIO Y DESARROLLO DEL MOSMO ES LA REALIDAD ESCONDIDA DEL PODER OBRANDO Y ABSORVIENDO LAS RIQUEZAS DE LA NATURALEZA Y DE LA PRODUCCIÓN OCULTANDO Y DEFORMANDO CON EGOISMO EXTREMOS TODA INFORMACIÓN QUE PUDIERA QUE PUDIERA HACER PELIGRAR SU SUSTENTO COMPRANDO PARA TAL FIN AL PENSAMIENTO DE LA LIBERACIÓN O DESTRUYENDOLO PARA MANTENER UNA POBLACIÓN IGNORANTE SUMISA Y ESCLAVA QUE PRODUSCA GANACIAS QUE PASAN A SER DE SU PROPIEDAD
EL COMENTARIO ANTERIOR LO PUBLICÓ NORBERTO
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