En la
novela *Humillados y ofendidos* de F. Dostoievski se puede establecer un
paralelismo con las posteriores etapas de Occidente en su devenir histórico,
desde la irrupción de la modernidad en los siglos XVI y XVII. Fue un avance
ascendente, aunque con interrupciones guerreristas debido a la competencia por
usufructuar los beneficios de la ciencia y la técnica en provecho de las élites
gobernantes de Europa.
Lo narrado
en la novela describe una sociedad rusa de la segunda mitad del siglo XIX, en
la cual la comunicación oral cumplía la función de tejer lazos sociales. El
contacto visual y la voz creaban el entramado social; los conocimientos y las
experiencias de vida se transmitían de persona a persona. Todo esto se fue
perdiendo a medida que la vida se complejizaba por el desarrollo de la ciencia,
que impactaba en el avance industrial. Esta situación se alteró definitivamente
a fines del siglo XIX y principios del XX, tanto que el impacto dio lugar a
corrientes filosóficas y movimientos políticos que criticaban el período
industrial. Walter Benjamín vaticinó el naufragio que tendría Europa en los
años posteriores. Este pensador es enseñado en nuestras universidades, pero sin
destacar cuál fue el verdadero mérito de su pensamiento, o, mejor dicho, cuál es
el punto que él señaló, dejando al desnudo el lado oscuro del capitalismo. Lo
más importante fue la valoración que hace de lo perdido, esto es, las
costumbres anteriores. Pone de manifiesto algo tan simple como la pérdida de
hábitos y costumbres que eran parte constitutiva de los lazos sociales, algo
que ahora se ve con más virulencia, notándose de manera más destacada en los
jóvenes de las ciudades más complejizadas.
Donde más
se nota la exclusión del sistema es en las grandes ciudades. Lo planteado por Benjamín
se refería a la pérdida de la transmisión oral del adulto mayor a sus
descendientes; esta comunicación interpersonal nunca sería equiparada por la
radio o la letra impresa del momento. Benjamín desarrolla su idea más
claramente en su célebre ensayo *El narrador* (1937). Allí sostiene que la
Primera Guerra Mundial marcó un punto de inflexión: los soldados regresaban
mudos, incapaces de comunicar experiencias en forma oral. En este contexto, la
prensa y la información periodística se convirtieron en la forma dominante de
comunicación.
Él muere
antes de la Segunda Guerra Mundial. Un contemporáneo de Benjamín fue Hermann
Hesse, quien también era alemán. En una de sus novelas más conocidas, *El lobo
estepario*, describe el naufragio del protagonista frente a una dualidad de la
realidad; esto sería lo que en filosofía llaman la "dualidad del
ser", que no es otra cosa que un naufragio ante la pérdida de su hábitat y
la falta de contención de la comunidad.
Cuando me
refiero a la exclusión económico-social, esto se debe a que el sistema
normativo en una ciudad con muchos habitantes está más
"desnaturalizado", en el sentido de que las reglas son más exigentes
y no responden a patrones comunes. Para tener éxito en una gran ciudad se debe
competir y sobresalir sobre los demás, sea en el ramo que sea. Esto es acorde a
patrones impuestos por esa misma sociedad de consumo, que se basa en el éxito
por sobre el prójimo.
El
verdadero patrón de integración social es el vínculo con las otras personas;
esto está suplantado por una valoración externa impuesta que tiene que ver con
objetivos que no tienen en cuenta a las personas, sino con lo que deberías ser
para ser aceptado socialmente. Perseguir ese objetivo te aísla de los demás.
Respecto a esto, ha tenido trascendencia lo planteado por Enrique Dussel acerca
del rol de la comunidad. Este tema fue desarrollado recién a principios de este
siglo. Dussel, luego de pasar por las distintas influencias
político-filosóficas de la segunda mitad del siglo XX, llega a una conclusión
superadora de las contradicciones filosóficas planteadas antes y durante los
años posteriores a las dos guerras mundiales. Su pensamiento no desmerece las
manifestaciones de intelectuales anteriores, pues ellos pusieron de manifiesto
el naufragio de la sociedad. La cuestión era encontrar el rumbo perdido sin
dejar de lado los avances en la ciencia y la técnica.
El marxismo
y los marxistas fueron víctimas y partícipes de ese naufragio; les sucedió a
casi todos los movimientos de izquierda posteriores a la Segunda Guerra
Mundial. Fue un error que se pagó muy caro. Se puede decir que el error
consistió en analizar la revolución desde una mirada propia de la modernidad,
en el sentido de que una clase social le quitaba el poder a otra clase social.
El marxismo, junto al anarquismo, fueron los principales movimientos de
oposición al avance del capitalismo de ese entonces; ambos fueron neutralizados
por el mismo sistema capitalista. El marxismo, habiendo sido en un principio
una institución política expropiatoria de los medios de producción, pasa a ser
un instrumento al servicio de un capitalismo de Estado dirigido por el
estalinismo.
Otro
movimiento contestatario, el anarquismo, no pudo interrumpir el desarrollo
capitalista, siendo en su gran mayoría asimilados por el sistema. Una parte de
los trabajadores se transformó en burguesía debido a las mejoras del
capitalismo, al beneficiarse con la explotación de las colonias. El error
consistió en que, al no superar la modernidad, se fracasa por el hecho de que
los que accedían al poder económico eran fagocitados por el dinero y
convertidos en una nueva élite de poder sujeta a lo mismo que criticaban.
El falso
optimismo que despertó la caída del Muro de Berlín en 1989, narrado por
Fukuyama en *El fin de la historia*, auguraba que en adelante reinaría
Occidente para el mundo. Hoy, pensadores decepcionados y pesimistas como
Byung-Chul Han, en su libro más conocido *La sociedad del cansancio* —cuyo
título por sí solo ya es descriptivo—, narran una realidad sin sentido. Otro
pensador europeo contemporáneo tiene como lema "desertar"; hace una
elipsis descriptiva para señalar que la palabra no se debe tomar literalmente,
que desertar es no participar, y entra en una justificación ética.
Refiriéndonos
a nuestro presente, teniendo en cuenta la influencia de Occidente respecto al
sistema político parlamentario, citamos el siguiente comentario que data de una
charla de Jorge Abelardo Ramos con Ramos Delgado, funcionario del general
Alvarado, presidente del Perú en el año 1974:
> «…no
es casual que el partido (político) como institución haya surgido en la
tradición histórica de los países capitalistas de Europa Occidental y que sea
por lo tanto una creación de los últimos setenta años. De ninguna manera el
partido representa una institución inherente al hecho de la vida social. No nos
parece casual, tampoco, que en los países comunistas la expresión política del
ordenamiento de la sociedad sea la vía de la institución política, a través de
una modalidad culminante de las características expropiatorias del partido que
es la modalidad del partido único.» (1)
(1) Jorge
Abelardo Ramos, *Introducción a la América Criolla*, p. 111.


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