sábado, 9 de mayo de 2026

América Latina frente al eurocentrismo: movimientos nacionales que no encajan en categorías importadas

 



En esta tercera década que estamos atravesando, muchas personas muestran pesimismo respecto a la crisis que acontece tanto a nivel local como a nivel internacional. Es comprensible este estado de ánimo, pero si hacemos una vista retrospectiva, vemos cómo en otros momentos, en situación similar, surgen movimientos que dan lugar a una superación de la crisis. Hay una multiplicidad de factores que se ponen en movimiento y actúan sobre la gente; algunos estas a la vista, pero también están los más profundos que no están identificados y hacen a la precipitación de los acontecimientos.

 

En este marco, es comprensible la actual desazón de mucha gente. La cuestión va más allá de explicar la razón de los acontecimientos actuales: hay una multiplicidad de motivos, algunos aparecen en la superficie y otros, son más difíciles de detectar.

 

Las causas no visibles del descontento

 

Para hacer una aproximación sobre este tema, primero deberíamos tratar de indagar sobre las causas no visibles que la desencadenan. Estas son, en orden de importancia: primero, el desequilibrio social producido por una falta de contención; esto lleva a un naufragio y desorientación en todos aquellos que no tienen grupos de pertenencia. Es distinta la situación de aquellos que se identifican con una causa con la cual se enfrentan a la crisis y a su origen. Así es como sucede una identificación y pertenencia que el mundo circundante ya no les brinda. Esto puede sonar como una interpretación muy “sociológica”; no es la intención, sino todo lo contrario. Lo que importa es valorar la lucha reivindicativa, porque esta es la manera de recuperar lo perdido.

 

Luchas reivindicativas y sistemas autodestructivos

 

Las luchas reivindicativas son las que derrotan los sistemas que han desnaturalizado las relaciones interpersonales; eso es la vida en comunidad. Generalmente son los sectores más humildes los que de manera mayoritaria componen estos movimientos. En parte esto se debe a que son mayoría, y también a que los sectores medios (clase media) están más atravesados por la cultura y propaganda de un sistema capitalista, cuestión que les dificulta la comprensión.

 

Generalmente se cree que la crisis obedece a una determinada clase social o grupo selecto que se beneficia del saqueo. La cuestión es más compleja. El sistema de expoliación tiene la característica de ser autodestructivo: consigue las mejoras beneficiando a un grupo selecto en detrimento de lo que le circunda. Si miramos hacia atrás, vemos cómo los mismos gestores de sistemas injustos han sido devorados por lo que ellos mismos crearon.

 

El caso de América Latina y los pueblos originarios

 

En nuestra América Latina vemos cómo los pueblos originarios se enfrentan a sistemas de explotación de riquezas naturales que destruyen sus medios de vida. No es porque sean ecologistas; es por la sencilla razón de que ellos se consideran parte de la naturaleza. El ecologismo nace en la civilización occidental. Muchas organizaciones que defienden el ecosistema han sido capturadas por el aparato propagandista occidental y hacen difusiones evasivas para para ocultar los verdaderos problemas. Todo esto que estoy señalando es bien conocido por los grupos de poder, que, para mantener sus privilegios, llevan adelante campañas para canalizar el descontento en distintas sendas y así no coincidan con los objetivos generales del sistema de expoliación.

 

Diferencias entre América Latina y Europa

 

Las manifestaciones populares de nuestra región tienen características distintas de las que se originan en Europa. Esto se debe al impacto diferente que tuvo el desarrollo industrial en nuestro continente. Fue extractivista y sus dividendos beneficiaron de manera secundaria a los trabajadores europeos que, mediante sus luchas, lograron mejoras en el sistema fabril (reducción de la jornada laboral, etc.). El procesamiento, en Europa, de las materias primas extraídas de las colonias generó un desarrollo industrial que, de manera secundaria, benefició a los trabajadores. Esto sería la “teoría del derrame” para los europeos, de esto se habló en la Argentina en el gobierno del “macrismo” —cómo los sectores más empobrecidos se beneficiarían de la política liberal con la llegada de los capitales extranjeros como inversión—, lo mismo que intenta el gobierno actual.

 

El naufragio de los sectores ilustrados

 

El naufragio de nuestros intelectuales es parte de la resultante de un estado de indefección y sometimiento a factores externos. La imposibilidad de analizar nuestra realidad se debe a estar atravesados por un sistema cultural eurocéntrico, claro que hay algunas honrosas excepciones. Por esta razón nunca entendieron los movimientos nacionales, pues estos movimientos no encajaban en las categorías europeas que tiene un sistema patidocrático capturado por un sistema financiero que hace concesiones para mantener la fachada democrática para que sobreviva y se pueda seguir con la expoliación del hemisferio sur.

 

La estigmatización como estrategia del capitalismo

 

La revolución rusa tuvo su particularidad. Una vez que asumieron el poder, el partido —podemos arriesgar a decir— fue capturado por el capitalismo y utilizado como un espantajo que amenazaba la democracia y la libertad de occidente. Después de la caída del muro, fue el terrorismo personificado en los árabes. Esta estigmatización es la estrategia del sistema capitalista para enfrentar a la población con un enemigo imaginario.

 

La lectura intuitiva de las mayorías y el rol de la IA

 

El análisis del devenir de la situación mundial y su crisis actual son necesarios para entender nuestra realidad y poder plantear una estrategia. Un factor a tener en cuenta es que las mayorías hacen una lectura intuitiva y actúan en consecuencia, creando así las condiciones para que se recupere el equilibrio perdido y se vuelva a una sociedad con armonía. Esto no significa volver atrás, sino tener una buena vida acorde al mundo circundante, incluyendo todos los adelantos técnicos como la IA y demás.

 

Respecto a la IA, se ha escrito mucho. La mayoría de los análisis son pesimistas en el sentido de que la misma será el nuevo patrón ordenativo de la humanidad, sería “el nuevo ser superior al cual quedaríamos todos a su merced”. Esto que ha trascendido no es casual; detrás de ella están escondidos los verdaderos responsables que llevan adelante una política de exclusión y marginación social. Ya lo he señalado en otras oportunidades: la IA se basa en un sistema binario; detrás de esta hay un poder real en el cual podemos identificar a CEOS y multimillonarios que están ligados al mundo financiero internacional que anualmente se reúne en Davos.

 

La reacción popular no necesita líderes predeterminados

 

Volviendo al tema inicial, la reacción popular de la cual estamos siendo testigos no necesita de hacer elucubraciones teóricas deductivas. Tampoco que preexista un referente que las origine y dirija, como mucho tiempo se creyó y se sigue creyendo —cuestión que lleva a la discusión de quién debe liderar la cuestión—. En la gestación de un movimiento de oposición, como tantas veces ha sucedido en nuestro país y otros de América Latina surgen de manera espontánea. Aparece una multiplicidad de factores y, como estos no encajan en los parámetros eurocéntricos, se ha intentado desacreditarlos llamándolos populismos. Respecto a esto último debemos tener en cuenta que los movimientos y sus referentes son una sola cosa, son vanos los intentos de caracterizar un movimiento por su líder, como así también caracterizarlo por las características de la manifestación y sus componentes.

 

El peronismo como fenómeno transversal

 

Pensándolo así, se debe entender al peronismo como un fenómeno social transversal, en el sentido de que llega a sectores de todas las capas sociales. Estas capas sociales son distintos estamentos de una sociedad que se sienten agraviadas por una política que es destructiva. Esta unión sucede por la identificación frente a un enemigo común.

 

Es una reacción por conservar la vida, así de simple, como cualquier otro organismo que reacciona ante algo amenazante. Se puede decir que es una opinión basada en el instinto de conservación, no somos algo ajeno a la naturaleza: somos parte de ella y, como tal, reaccionamos ante algo que nos quiere destruir.

 

Identificación contra un enemigo común

 

Por todo lo señalado anteriormente, los movimientos populares en América se caracterizan por enfrentar al imperialismo. Hay un pasado en común, un idioma y una misma religión que constituyen un hilo cultural como factor de unión; esto hace que sea más factible que la manera de manifestarse sea mediante una identificación en contra de un enemigo. Este es identificado porque intuitivamente es detectado como ajeno y perjudicial para el bien común.

 

 Conciencia social versus reglas del mercado

 

Cuando hablamos de conciencia social, nos referimos a las creencias de los integrantes de un determinado grupo social; esta creencia está fundada en una manera de actuar frente al mundo externo. Los que obedecen al mercado creen que actúan en base a la realidad, pero la verdad es que el mercado tiene sus propias reglas, que no coinciden con las necesidades de una determinada comunidad o grupo social.

Los que llevan este sistema adelante son capturados por ese modo de vida. Son los que sostienen la libre competencia y el mejoramiento infinito. Es un sistema que se retroalimenta de lo que él mismo genera. Es autodestructivo porque las reglas del mercado no obedecen a las personas, sino a una espiral que crea ella misma, de la cual son cautivos quienes están en ella: los que no obedecen quedan afuera, y si obedecen son fagocitados. No es el propósito hacer una reflexión filosófica. sino describir que la reacción popular es más rápida y racional que la de los analistas. Muchos creen que lo que se busca es el ascenso social, pero el propósito es vivir bien, que es distinto, pero este tema necesita otro artículo.


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