Las crisis periódicas de Occidente
Las crisis del sistema occidental han sido periódicas desde su origen. En los
siglos XVI y XVII, sirvieron para potenciar su desarrollo, dando origen a la
frase: “los momentos de crisis también lo son de oportunidades”, que se
fundamenta en la quiebra de un sector para el triunfo de otros. Podemos citar
las más importantes: la revolución industrial de principios del siglo XIX, la
crisis financiera de 1929 y la posterior guerra que se inicia en 1939. La crisis
de 1929 no fue un evento aislado, sino el resultado de una compleja interacción
de factores que convirtieron el desplome bursátil en la Gran Depresión.
La burbuja de los felices años veinte y su reflejo actual
En los "Felices Años Veinte", el acceso al crédito para comprar acciones era
extremadamente sencillo. Se utilizaban altos niveles de “apalancamiento”
—término que hoy está de moda y que no es más que endeudarse para adquirir
títulos valores—, lo que infló los precios de las acciones muy por encima de su
valor real. Esta desconexión entre la economía real y la especulación creó un
mundo ficticio. Un reflejo de esa época fue la película *Cabaret* (1972), que
evidenció la crisis de ese momento, no solo en Alemania sino también en los
centros de poder occidentales. Esta dualidad puede volver a verse hoy en la
extravagancia del dinero de un sector frente a un desastre inminente. La canción
más conocida del filme, “Money, Money”, satiriza la crisis económica y la
inflación.
Subtítulo: El colapso de 1929 y sus consecuencias
En Estados Unidos, en septiembre de 1929, se desató el pánico y la venta masiva
de acciones provocó un colapso. El mercado perdió un 22% de su valor. La
confianza se esfumó y lo que siguió fue una espiral descendente del valor de las
acciones. Se produjo una crisis bancaria y una contracción monetaria. La caída
de las acciones dejó a los bancos, que habían invertido fuertemente en el
mercado, al borde de la quiebra. La quiebra de muchas de estas entidades esfumó
los ahorros de millones de personas, lo que provocó una fuerte caída del consumo
y la inversión. Las decisiones del banco central de EE. UU. (la Reserva
Federal), como subir las tasas de interés, empeoraron la situación al restringir
aún más el dinero disponible. Según la visión tradicional del capitalismo
clásico occidental, la crisis de 1929 fue el resultado de una euforia
especulativa insostenible que, al estallar, se topó con una economía frágil,
caracterizada por la desigualdad, la sobreproducción, políticas monetarias y
comerciales desacertadas, y un sistema financiero y energético en plena y
conflictiva transformación. En realidad, lo que sucedió fue una manifestación
más de la crisis iniciada con la modernidad en los siglos XVI y XVII.
La posguerra y el fin de la historia según Fukuyama
Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos implementó el Plan
Marshall. Este plan perseguía reconstruir Europa con el objetivo de fortalecer
las economías occidentales y frenar el avance del “comunismo” soviético. Esto
consolidó la división de Europa en dos bloques durante el período de la Guerra
Fría. En ese entonces surgieron varios movimientos emancipatorios en el
hemisferio sur, la mayoría de los cuales se mantuvieron hasta la caída del Muro
de Berlín. En ese momento, el sistema occidental se fortaleció sintiendo que
quedaba como única alternativa; el optimismo del capitalismo occidental dio
lugar a la difusión del libro de Francis Fukuyama, *El fin de la historia*, que
señalaba que no había alternativa al modelo capitalista occidental.
La novedad actual: los BRICS como alternativa al poder financiero
Lo distintivo de los acontecimientos actuales frente a las crisis anteriores es
que en este momento ha surgido una alternativa que no es la reedición de un
sistema basado en la competencia y la eficiencia del sistema productivo. Esta
alternativa no tiene como centralidad un sistema financiero. El modo de vida que
ha regido por más de 500 años a Occidente ha llegado a una situación límite.
Esto ha dado lugar a nuevas teorías distópicas, como el implante de chips en
humanos y la reducción de la población mundial. La nueva alternativa está
representada por los BRICS, un sistema de intercambio comercial que no tiene
como eje el monopolio financiero. Es la alternativa principalmente para los
países del hemisferio sur que desean llevar adelante una política económica
autónoma.
La Argentina industrial del siglo pasado y el nuevo ciclo social
La profundidad de la crisis occidental ha dado lugar a la radicalización de las
medidas de sumisión a los centros de poder. Tales son las características del
actual gobierno en Argentina. Se puede arriesgar a decir que la anterior forma
de capitalismo industrial de mediados del siglo pasado se basó en la producción
de materias primas y la explotación de recursos naturales, lo que indirectamente
dio lugar al surgimiento de una clase media que fue protagonista de ese
desarrollo. Hoy eso terminó y, en su lugar, se constituyó una entidad financiera
asociada a los intereses extranjeros, que no le interesa la producción de ningún
tipo, sea primaria, agrícola, ganadera o industrial. Ya lo hemos señalado en
otros artículos: el actual sistema de poder financiero no obedece a ninguna
nación; es un suprapoder que se retroalimenta y también se autodestruye, porque
está creando las condiciones de un antagonismo social que inicia un nuevo ciclo.
La resistencia popular en Argentina: manifestaciones e identidad nacional
Si miramos nuestra realidad, podemos arriesgarnos a decir que la situación
social de la Argentina está creando las condiciones para protagonizar una
alternativa frente al debacle nacional. El principal protagonista es el pueblo,
que ha comenzado a manifestarse masivamente en el corriente año. Primero, en el
aniversario del golpe militar, el 24 de marzo, en la Plaza de Mayo; luego, la
marcha universitaria también en Plaza de Mayo y en las principales ciudades del
país; e indirectamente, la despedida del músico Indio Solari, con una clara
identidad nacional popular, que convocó a una muchedumbre numerosa.
El peronismo y la disputa por la conducción del cambio
La expresión política que ha surgido dentro del peronismo obedece a una reacción
frente a un peligro de disolución. El programa de destrucción del equilibrio
social y de ruptura de los lazos sociales actúa sobre todas las clases. La
corrupción de la que tanto se habla es el resultado de una política económica
liberal sin ningún control social. Esta corrupción también actúa sobre los
sectores sociales que buscan una alternativa, así como sobre los referentes que
las encarnan. Así vemos hoy cómo los medios de difusión tratan de socavar a un
sector del peronismo que cada vez más se erige como una alternativa frente al
debacle nacional. Es así como hoy se plantea un debate sobre los distintos
referentes del peronismo, incentivado por el poder financiero que está perdiendo
el control del sistema. Ya lo hemos señalado: el sistema crea las condiciones
para su propia autodestrucción. Volviendo a temas más concretos, vemos cómo
mucha gente se engancha en la discusión sobre qué dirigente es más eficiente que
otro. Esto está incentivado por el poder oculto para tratar de crear divisiones
en la construcción de un frente nacional antiimperialista. En este momento, el
referente más visible del peronismo es Axel Kicillof, quien es blanco de las
críticas de los medios al servicio del poder oculto y también de muchos
referentes de su mismo sector. También lo es Cristina Fernández de Kirchner, a
quien se utiliza para plantear divisiones dentro del movimiento.
Hacia un frente nacional independentista
En estas circunstancias, se debe tener presente que las características de un
movimiento nacional independentista tienen como rasgo una diversidad de demandas
que persiguen un fin común. A tal fin, busca referentes que los representen. El
propósito de este movimiento es derrotar a un gobierno que representa a los
intereses extranjeros y que posterga los intereses de su pueblo.


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