domingo, 2 de agosto de 2026
El ocaso del poder occidental y la construcción de una alternativa desde el Sur
viernes, 1 de mayo de 2026
El malestar en la cultura: tecnología, individualismo y la falsa antinomia política
El
impacto tecnológico y el aislamiento voluntario
Al desarrollo industrial se le adjudicó la desadaptación del ser humano. Este tema quedó plasmado en varios pensadores de la época; la mayoría de ellos lo atribuyeron al desacomodo de las personas frente al cambio social originado por el desarrollo y la urbanización. Mucho se ha escrito sobre ello desde principios del siglo pasado.
Hoy vemos
cómo se intenta identificar el momento histórico a través de distintos
calificativos como transmodernidad, posmodernidad, etc. Detrás de estos nombres
se desarrollan diversas teorías sobre lo que está sucediendo. La mayoría de
ellas describen la realidad como una consecuencia del impacto tecnológico en la
humanidad. Es innegable que la tecnología ha modificado los hábitos de las
personas. Si miramos hacia atrás en el último siglo, vemos que el mayor impacto
recién comenzó a fines del siglo XX, es decir, solo hace veinte o treinta años,
principalmente a consecuencia de los móviles y la instantaneidad informativa.
Si bien esto brindó una mayor comunicación interpersonal (celulares) e
información, también promovió el aislamiento de las personas entre sí.
Esta
cuestión ha sido debatida constantemente en los últimos años. Quienes no la
perciben de manera crítica están a merced de la manipulación mediática. Esto
los lleva a implementar lo que se llamó el "aislamiento voluntario",
uno de los métodos que el individuo emplea para protegerse del sufrimiento que
proviene de las relaciones humanas. Esto se manifiesta en la retirada del lazo
social, generando aislamiento, con la consecuencia de uno de los mayores
síntomas de nuestro tiempo: la depresión.
La
perspectiva freudiana: malestar y civilización
De hecho,
el capítulo 3 de *El malestar en la cultura* identifica tres fuentes del
sufrimiento humano: la superioridad de la naturaleza, la fragilidad de nuestro
cuerpo y, crucialmente, nuestra relación con los otros. Esta última es la más
dolorosa porque es la que creemos poder controlar y, sin embargo, nos causa la
mayor decepción. Sucede que las instituciones que creamos para regularla acaban
siendo fuente de sufrimiento. Pensado de esta manera, se forjó la creencia de
que el desacomodo sucede por la sustitución del poder del individuo por el de
la comunidad. Visto así, la fuente del malestar sería la pérdida de autonomía.
Esto se utiliza hoy para sustentar políticamente lo individual por encima de lo
colectivo, planteando así la antinomia errada entre "colectivismo
socialista" y "sociedad liberal".
S. Freud
señala que el problema es tan antiguo como la ética misma: el ser humano se
enfrenta a la paradoja de que el mismo artificio que creó para alcanzar el
bienestar —la civilización— es la mayor causa de su infelicidad. Nunca llega a
sentirse totalmente integrado a la cultura. Esto exige a los seres humanos la
renuncia a la satisfacción inmediata de sus pulsiones más primarias,
especialmente las sexuales y las agresivas. Esta represión no es superficial;
se interioriza y da origen a un sentimiento de culpa por no cumplir con las
exigencias. Esto se convierte en la fuente principal del malestar psicológico
que caracteriza al hombre civilizado.
Planteado
así, para Freud el malestar no es un hecho individual aislado, sino que nace en
y por la relación con los otros. Las alternativas que se plantean no son
consideradas como una solución definitiva. En *El malestar en la cultura*, el
autor aborda medidas paliativas que los seres humanos utilizan para soportar el
sufrimiento. Sin embargo, el texto también sugiere —en referencia a una de esas
medidas— que el intento de escapar por completo de la cultura no es una opción
viable. No se puede volver a un estado primitivo. Al respecto, señala que la
vida en comunidad, incluso en sus formas más simples, ya impone restricciones a
los instintos, como lo demuestran las prohibiciones (tabúes) existentes en las
sociedades primitivas. En síntesis, S. Freud no ofrece una solución definitiva
para eliminar el malestar, sino que presenta un conjunto de estrategias que las
personas utilizan para hacerlo más soportable.
"El
Estado de naturaleza": un mundo sin límites ni propiedad
Este sistema social viene de lejos, como ya lo hemos señalado. Luego de la Edad Media, Inglaterra se constituyó como referente de la industrialización, que fue tomada como ejemplo en la mayoría de los países latinoamericanos. En los centros culturales se citaba al creador del *Leviatán* por ser la obra que estableció normas para controlar los apetitos sin límites de las personas sobre los bienes. Así nace el pacto social, que desde entonces realizan los dueños de los bienes en beneficio propio y el de sus asociados.
Los cánones
académicos no se forman en un vacío neutral. Reflejaron y reflejan los valores
que constituyeron el poder de una época. Las universidades, los sistemas
editoriales, las revistas académicas y las cátedras han estado históricamente
dominadas por las élites culturales y económicas. Privilegian a los autores que
legitiman el orden establecido por sobre aquellos que lo desafían radicalmente.
Hace muchos
años, un pensador inglés, Hobbes —que aún se enseña en nuestras universidades
sin explicar las consecuencias de ese pensamiento— dijo que el hombre es malo
por naturaleza y que había que ponerle un límite. Ese límite se llamó
"Leviatán": un pacto social para ponerlo al servicio no de un
desarrollo social determinado, sino de un sistema que dio lugar a su expansión
por toda Europa y, consecuentemente, a la explotación de las regiones
colonizadas.
Para
Hobbes, la esencia del ser humano está gobernada por sus pasiones y apetitos,
siendo el más poderoso de todos un "apetito incontrolable por poseer los
bienes". En un mundo sin un poder común que lo limite, viviríamos en el
llamado "estado de naturaleza", que Hobbes describe como una
"guerra de todos contra todos", en donde el estado es de todos. Como
no existen leyes ni un gobierno que las imponga, cada persona tiene un
"derecho a todo" para asegurar su supervivencia. Esto significa que
no hay una idea de "lo mío" y "lo tuyo". No existe la
propiedad privada. Debe haber un poder que garantice los acuerdos; la propiedad
privada no puede existir sin ese poder. Cualquier bien que alguien posea puede
ser tomado por otro más fuerte en cualquier momento. Todo esto fue la
justificación de la creación de un orden establecido que sobrevive hasta el
presente.
La falsa
antinomia entre liberales y estatistas
En la actualidad, lo que hay por detrás es la lucha por el control del Estado. Esto ha llevado a una pelea entre estatistas y no estatistas. Se ha sembrado la idea de que la construcción del Estado limita las libertades de las personas, planteando así la falsa antinomia en la que a los estatistas se los identifica con denominaciones como marxistas, colectivistas, comunistas, izquierdistas, etc.
Si nos
fijamos en las personas que nos rodean, muchas de ellas se declaran liberales
porque interpretan que las normas que impone un Estado son límites que impiden
el desenvolvimiento personal y comercial de las personas. Pero más allá de su
identificación política infundada, lo importante a señalar es que estas
personas generalmente comprenden muy bien las normas que rigen a un grupo
social, las respetan y adhieren a ellas. Se desenvuelven en las normas sociales
teniendo un reconocimiento de sus pares que les permite un buen desempeño en
las tareas que comparten con el medio. Esto apunta a que el enfrentamiento
entre liberales y "estatistas" es ficticio. Lo que hay por detrás es
una lucha por quién controla el Estado en favor de quién. La verdadera antinomia
es entre la comunidad y los grandes grupos de poder económico que pretenden
monopolizarlo todo en su beneficio.
miércoles, 8 de enero de 2025
Los desafíos del siglo XXI
La crisis que están atravesando los países centrales de occidente puede tener varias explicaciones. Para hacer una aproximación podemos considerar que es lo que ellos han perdido y lo que nosotros hemos conservado. En el desarrollo de los últimos dos siglos muchos señalan que hemos entrado en una etapa que la llaman el tecno-feudalismo. Esto no significa otra cosa que volver a ese periodo en donde el poder estaba concentrado en el Señor Feudal que era el dueño de todo y representante de Dios en la tierra, cuestión que llevaba a la población a rendirle pleitesía y obediencia. La similitud está en que hoy ese poder supranacional concentrado en el uno por ciento de la población mundial que está por sobre las naciones.
Frente a la crisis muchos intelectuales europeos están mirando al Sur. Ya no hay más un “estado de bienestar” como lo fue a mediados del siglo pasado. Todo eclosionó. Quedaron atrás la expansión americana con su cultura de Hollywood, como así también la crítica intelectual contestataria europea, que veía la crisis, pero no le encontraba salida. Muchos la atribuyeron a una idiosincrasia del ser humano. De esto dieron testimonio Sartre, Camus, Foucault, Marcuse, por nombrar algunos.
Hoy todos hablan del aislamiento como consecuencia de la incomunicación que generan los teléfonos móviles. Vemos en las redes infinidad de imágenes y comentarios de la dependencia de los celulares y otros hábitos que cultivan un mundo virtual en donde el único protagonista –si se lo puede llamar así- es el yo- incentivando el individualismo que lleva al aislamiento. Este es un poder que se ejerce de manera oculta, pues es el que digita la realidad que las personas viven y sienten como propia. La instrumentación de algo tan complejo se da, principalmente, a través de los medios de comunicación. Por esta razón vemos la competencia que hay por tener el monopolio de la información y de las redes. Esta manera de influenciar sobre la población existe desde hace siglos, solo que ahora se ha perfeccionado y se hace más incisiva y de expansión uniforme por el desarrollo de la ciencia y la técnica.
Si retrocedemos en el tiempo. Ya en la época de las colonias se le daba suma importancia a la información, tanto la que se transmitía desde américa al continente europeo, como la que se irradiaba en las colonias hacia las metrópolis. Todo obedecía a los interese económicos. Hoy responde a la misma razón, solo que a un poder mucho más concentrado.
El poder económico es el que sostiene todo el andamiaje de este nuevo tecno-feudalismo. Muchos intelectuales y especialistas que hablan sobre el tema tienen trascendencia y son conocidos. Pero aquellos que tienen una postura que desnuda al sistema y deja expuesta su debilidad son silenciados. Esto siempre ocurrió a través de la historia y sigue ocurriendo, en este caso de manera más sutil. La trascendencia de estos intelectuales, permitida y promovida por intereses económicos, esconde lo más importante, que es la alternativa al mismo. Este punto es el que trataremos de explicar. ¿Cuál sería la alternativa?
Frente a todo esto el planteo desde el Sur. O mejor dicho el pensamiento de las civilizaciones anteriores a la modernidad en América Latina es simplemente pensar las cosas desde donde se las mira. Esto es desde el entorno, desde el mismo lugar. De esta manera se considera a todo lo que nos rodea parte de nuestra vida, esta es la razón por que se la llama a la tierra “madre tierra”. La diferencia radical con esta concepción, que la han desarrollado varios intelectuales sudamericanos, entre ellos: Katya Colmenares, Ramón Grosfoguel, Juan José Bautista Segales y otros, sostiene que la modernidad comenzó con el “yo pienso luego existo” de Descartes. Esto determino que el hombre se ponga como sujeto frente a todo y considera la naturaleza a su disposición. Su traducción desde nuestro Sur es “Yo conquisto luego existo”.
Alguien dijo: “no se puede pensar desde un no lugar” la simplificación de esta frase sería el pensamiento Hegeliano que rige en nuestras universidades, en donde la razón esta por sobre todas las cosas. Si esto en un principio parece complejo, no lo es, pues es algo que se hace naturalmente. Esta es la discusión que han planteado desde la nueva consideración que se hace del pensamiento simbólico, principalmente desde el cartesianismo, con “el yo pienso luego existo”. Si el pensamiento es simbólico, no tiene por qué separarlos de la naturaleza, del mundo circundante, que se le llama realidad, pero ahí ya entramos en una discusión interminable que los intelectuales europeos en los siglos XIX y XX desarrollaron exhaustivamente. La cuestión es que el mundo simbólico no nos separe de la naturaleza, pues nuestros intelectuales latinoamericanos dicen que la razón es el resultado de la astucia de la vida. Si lo sentimos y pensamos así, el mundo simbólico es una herramienta que le da sentido a nuestro existir en el medio en donde estamos. O sea que el medio, todo lo que nos rodea, es el continente de nuestra existencia. Así podemos aproximarnos a lo que es un pensamiento originario. Respecto a esto último, desde una mirada eurocéntrica se los llama de manera prejuiciosa pensamientos mitológicos ligados a creencias religiosas que daban sentido a sus vidas. Lo que no dicen es que la modernidad de sus comienzos convirtió a la ciencia en un mito o sea que secularizo a los mitos anteriores. Ahora el mito es dinero y los objetos materiales que resultan de él. Si se utiliza la ciencia y la técnica con este criterio multiplica la separación del hombre de su medio.
Una ventaja que tiene Latinoamérica frente a los que está sucediendo en Oriente y África es tener un mismo idioma y una misma religión. En África, por ejemplo, las diferencias en idiomas y creencias han sido incentivadas para postergar y dificultar un gobierno autónomo. Otro ejemplo es son los últimos acontecimientos en Siria. Las fuerzas de oposición que derrocaron el gobierno de Asad estaban incentivadas, principalmente, por diferencias religiosas. Ahora en este país se ha constituido un gobierno anticolonialista y está siendo hostigado por la oposición de los grupos radicales terroristas, basadas principalmente en diferencias religiosas. Estas diferencias son utilizadas por los intereses extranjeros que son quienes los financian para llevar adelante tales acciones, que sin el apoyo de estos no sería posible implementar. A pesar de todo esto en Níger, Burkina Faso y otros estados han logrado emanciparse.
La esperanza respecto de que haya una alternativa frente a esta crisis se basa en que debemos volver a considerar que somos parte de la naturaleza. Esta manera de pensar a permanecido en el tiempo a pesar de todos los periodos de influencia de la modernidad que han permeado a los seres humanos. También ha influenciado sobre pueblos originarios que son manipulados a tal fin. Logrando que estos se sumen al sistema autodestructivo.
La espectativa es que hay sectores, que, sin estar ligados a los pueblos originarios, también se suman a esta lucha social. Se debe decir que también hay grupos de pueblos originarios que han sido colorados por el sistema capitalista.
El sistema informativo señala que no se puede volver al pasado. Planteando así que el desarrollo y el progreso son inevitables. Esto hoy ha sido superado pues hay experiencia de pueblos que pueden llevar una vida en comunidad, en zonas urbanas desarrolladas, sin dejar de lado la técnica. Pues el secreto de esta convivencia es la manera de pensar en el prójimo, que es un hermano no un competidor. Esto hace que la conexión entre sus integrantes genere lazos de solidaridad.
Por último, es importante señalar que la cuestión no es dejar de lado todos los beneficios que puede dar a la ciencia y la técnica para “un buen vivir”. Este error que se planteó en el siglo XX como que había que abandonar la civilización y volver a vivir en contacto con la naturaleza, fue auspiciado por el sistema de información de los grupos económicos, pues esto no atingía sus intereses, pues solo ponía en cuestión el desarrollo que estaba llevando adelante la humanidad haciendo responsable al hombre por su elección de vida. De esta manera se ocultaba todas las resistencias que hubo en la historia respecto al modo de colonización que, con sus características, destruía todo saber del colonizado para imponer el suyo con el solo fin de extraer beneficios económicos. Para implementar esto utilizaron el ocultamiento de los conocimientos de los pueblos colonizados y resaltaron los de ellos. Por esto se habla de un epístemicidio y de extractivismo epistémico, término acuñado por Souza Portugués. Bueno hoy en día, siglo XXI año 2025, se sigue haciendo exactamente lo mismo. Se llevan los recursos minerales sin tener en cuenta los daños materiales como así también han hecho un extractivismo epistémico. En la medicina, por ejemplo, desde sus inicios no hicieron otra cosa que robar los conocimientos de la medicina ancestral, basada en la naturaleza, para lograr beneficios económicos.



